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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | 10 febrero 2010

Sociedad

EL FOTOMATÓN

Nací hace 38 años en Jaén, en la misma habitación en la que murió Manolete / En Ronda me enamoré de mi mujer y de los toros / Mi pasión es la literatura / He escrito dos libros y sueño con dedicarme a las letras / La clave de una buena gestión es dar a cada uno su sitio

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José Antonio Trujillo, director médico de Carlos Haya: El médico que sueña con ser escritor
DE pequeño quería ser futbolista. Su madre, sin embargo, ladeaba la cabeza cada vez que escuchaba sus pretensiones: «Tu vas para jefe, hijo», le advertía. Y es que desde niño, José Antonio Trujillo ya apuntaba maneras: capitán del equipo de fútbol, delegado de clase... Su destino parecía estar escrito. Como también lo estaba su pasión por los toros, afición de la que se impregnó en el momento de su nacimiento, en la misma habitación del hospital de Linares en la que años atrás había perdido la vida el maestro Manolete.
Por aquel entonces corría la década de los 70. En plena dictadura franquista, el actual director médico del complejo Carlos Haya se convertía en el menor de cuatro hermanos de una familia de clase media residente en La Carolina, localidad al norte de Jaén. Hijo de ama de casa y del empleado de una empresa minera, vivió una infancia dulce, arropado por los suyos para los que durante mucho tiempo fue el niño mimado, noble y muy independiente que disfrutaba haciendo deporte y saliendo con sus amigos.
Ya en el instituto, su interés por las ciencias y la biología le hizo replantearse su proyección profesional y cambiar las calcetas por la bata blanca. Y eso que en su familia no había ningún precedente. El «buen ojo» y la «visión de futuro» de su hermano mayor le llevaron hasta la Universidad de Navarra, donde vivió una «experiencia maravillosa». De aquella etapa recuerda el buen ambiente que se respiraba en el Colegio Mayor Belagua, con cuyos compañeros ha retomado recientemente el contacto gracias a la red social Facebook.
De Navarra también se llevó su carácter humanista, forjado en aquellos años de universitario, en los que descubrió el amor por las letras. «Entendí que un médico no puede saber sólo de Medicina», explica Trujillo, quien asegura que desde el primer día en el que se sentó en la facultad supo que la sanidad era lo suyo, por su vocación de servicios y de ayudar a los demás Por eso, matiza, eligió ser médico de familia.
Una vez licenciado, hizo la residencia en el Hospital de Ronda, ciudad donde conoció a su mujer (una graduada social con la que tiene un hijo de seis años) y donde consolidó su devoción por la tauromaquia, «de los pocos ritos que quedan en la cultura occidental donde las sensaciones se viven a flor de piel», subraya al tiempo que admite que esta tradición «le vuelve loco». Por lo que tiene de auténtico, por su emoción, y por poner sobre un mismo escenario vida y muerte. Puestos a elegir cartel, se queda con José Tomas, aunque matiza que ahora es menos «tomasista» que antes, porque no comparte su gesto de devolver la Medalla de Bellas Artes. «Es un error que quiera alejarse tanto de sus coetáneos y negarse a mostrar su rostro humano», aclara.
Desde hace tres años, Trujillo capea con templanza todas las cuestiones de organización interna de Carlos Haya, cargo al que accedió en 2006 con un currículum que podría encasillarse en lo que llaman 'jóvenes aunque sobradamente preparados'. Así, tras doctorarse en Málaga y hacer un máster de gestión sanitaria en Granada, este jiennense fue director de zona básica de salud en Sevilla, director del Centro de Alta Resolución de Especialidades (CARE) de Carlos Haya y director del Materno Infantil.
Orgulloso de jugar «en la 'Champions League'» de la sanidad andaluza, como él mismo bromea, procura dirigir el hospital con la filosofía de director de orquesta y bajo una premisa clara: la de darle a cada profesional su sitio adecuado para que pueda realizarse y potenciar sus virtudes. De puertas para afuera, su gran preocupación es no estar a la altura del paciente.
Puestos a soñar, Trujillo confiesa que le gustaría retirarse a escribir, su pasión con mayúsculas; pasión que se la debe a don Rafael, maestro que le enganchó a la literatura desde niño. Su fascinación por las letras es tal que devora tres y cuatro títulos a la vez. Además, pertenece a la Asociación de Médicos Escritores y puede presumir de tener dos obras suyas en el mercado: 'La Italia de España', una crónica de viajeros que pasaron por La Carolina en el siglo XVIII, y 'Lágrimas de papel', un libro sobre el dolor y el sufrimiento humano.
Católico confeso y practicante, no soporta la vulgaridad ni a la gente que no se esfuerza por hacer bien su trabajo y, si se perdiera, lo encontrarían refugiado en el CAC Málaga o en la playa de la Misericordia, donde disfruta con su hijo. Su medicina.
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