EL sol relució en todo su esplendor, como correspondía al Jueves Santo. El tiempo se comportó y los cofrades pudieron resarcirse del año pasado, cuando la amenaza de lluvia truncó los desfiles procesionales. Málaga colgó el cartel de no hay billetes en el Centro. Era tarea imposible encontrar un hueco libre en muchas calles. Desde muy temprano había un gran ambiente para ver las procesiones. Siete cofradías realizaron sus desfiles: Santa Cruz, Cena, Viñeros, Mena, Misericordia, Zamarrilla y Esperanza.
El Jueves Santo arrancó con la salida de la Santa Cruz desde San Felipe Neri. A esa temprana hora de la tarde (15.30) hacía un fuerte calor que provocaba el sudor de nazarenos y hombres de trono.
La procesión, tras pasar por Carretería, lo hizo por la de Andrés Pérez para adentrarse en la de Arco de la Cabeza. La estrechez de esta calle hizo que los hombres de trono de los varales exteriores casi rozaron con la pared. Precisamente en Arco de la Cabeza fue donde el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, tocó la campana y dirigió el trono, que entró en la plaza Virgen de las Penas a lo sones de la marcha 'Cristo de la Agonía', interpretada por la Sinfónica de la Trinidad. Una representación de la Hermandad de las Penas, en la puerta de su oratorio, saludó a la Santa Cruz. Once monaguillos iban delante del trono. El hermano mayor, Ignacio Domínguez, pidió la venia. La Santa Cruz entró en la Catedral.
Los nazarenos de la Cena salieron del edificio de Turismo Andaluz mientras que los tronos lo hicieron desde su casa hermandad. Tras la cruz guía iba una amplia sección infantil. En el momento en que el Señor de la Cena (17.20) abandonó su sede, la Santa Cruz entraba en la calle Fajardo. En la casa hermandad se oían gritos de ¡«guapa, guapa, guapa»! dedicados a la Virgen de la Paz. El alcalde de Málaga tocó la campana del trono del Señor de la Cena, que pasó por Puerta Nueva a los sones de 'Nuestro Padre Jesús de la Victoria', marcha interpretada por la banda del Dulce Nombre de Granada, que, a continuación, tocó 'Reo de muerte'. Los primeros toques de la Virgen los dio Agustín Jiménez Roldán, hermano más antiguo de la Cena. Los hombres de los dos tronos estrenaron túnicas. Rojas en el Señor y azules en la Paz. La Virgen fue recibida en Puerta Nueva con la marcha 'Reina de la Paz', tocada por la banda de la Paz. El hermano mayor de la Cena, Francisco Aguilar fue de jefe de procesión y solicitó la venia.
Tras la Cena discurrió Viñeros, cofradía que estrenó el trono de la Virgen del Traspaso y Soledad de Viñeros, la gran novedad de la jornada. Viñeros hizo estación de penitencia en la Catedral.
La Congregación de Mena volvió a pasar por las calles de Málaga rodeada de esa expectación que la caracteriza. Sin duda, además de los sagrados titulares, La Legión tiene un notable polo de atracción para el pueblo, al que, por poco, lo dejan este año con menos legionarios en la procesión. El general Juan Bautista García Sánchez, jefe de la Brigada de La Legión 'Rey Alfonso XIII', ostentó la máxima representación militar en la presidencia del Cristo de la Buena Muerte. Le acompañaban los coroneles jefes de los cuatro tercios: Fernando Ortiz Díaz (Gran Capitán, Melilla), Alfonso Álvarez Gaumé (Duque de Alba, Ceuta), Pedro Pérez García (Juan de Austria, Viator) y Miguel Martín Bernardi (Alejandro Farnesio, Ronda).
Una compañía de honores del III Tercio, mandada por el capitán Antonio Ferrández, acompañó detrás del trono a su Protector. Los legionarios entonaron en numerosas ocasiones 'El novio de la muerte'. El hermano mayor de Mena, Antonio Jesús González, fue uno de los cuatro de mayordomos del trono, delegando la jefatura de la procesión en Ramón Gómez Díaz.
El almirante Juan Carlos Muñoz-Delgado, jefe de la Flota con sede en la Base Naval de Rota (Cádiz) presidió el cortejo de la Virgen de la Soledad. Detrás figuraron el capitán de navío Luis Miranda Freire, comandante naval de Málaga; el coronel de Infantería de Marina Fernando Cuerda Ortega, jefe del Tercio Sur de Infantería de Málaga con sede en San Fernando, y el comandante del patrullero 'Ízaro', teniente de navío Jesús Bernal García, entre otros oficiales.
El barrio del Perchel recibió con más ganas que nunca al Señor de la Misericordia y a la Virgen del Gran Poder. Se cantaron saetas en honor de las imágenes. A la salida asistió el alcalde de Málaga, así como el general de Aviación Ángel Moreno. El hermano mayor, Rafael Terol, ejerció de anfitrión de las autoridades. También estuvo la periodista Pilar Cernuda.
El trono de El Chiquito recorrió la calle Ancha entre los aplausos del público que la llenaba. La Virgen del Gran Poder fue recibida en esa calle núcleo del Perchel con vivas de emoción y devoción.
En la sección de la Misericordia fue la banda de cornetas y tambores y el piquete de la Aviación. El trono de la Misericordia tuvo un problema con la campana, que se subsanó antes de entrar en la Alameda. La cofradía completó un brillante desfile procesional.
María Santísima de la Amargura siempre es muy esperada por sus numerosos devotos. Muchas personas tienen como promesa ver salir a la Reina de Zamarrilla. Cuando el trono se levantó se guardó un minuto de silencio por un hermano recientemente fallecido.
La cofradía sigue dirigida por una junta rectora, que preside el abogado Juan García Alarcón, un zamarrillero de toda la vida. De todas formas, hay hermanos que desean que la hermandad recobre cuanto antes su normalidad y se convoquen elecciones, una vez superadas las diferencias que había en el seno de la cofradía.
La presidencia del desfile procesional la ostenta S. M. el Rey don Juan Carlos I, que delega todos los años en un alto militar para que le represente. Este año designó al general de brigada Rafael Esparza Arroyo, inspector y director de la Academia de Caballería.
Cuando el trono de la Virgen llegó a la plaza de Arriola, García Alarcón, acompañado de otros cargos de la procesión, entregó a las Hermanas de la Cruz la rosa roja que ha lucido la Virgen de la Amargura desde la Semana Santa de 2008 a la de 2009. El presidente de la rectora señaló que esta distinción se entrega «en homenaje y agradecimiento a la atención con que nos esperan y cantan a la Virgen, desde hace muchos años, la noche del Jueves Santo».
La luna lucía en todo su esplendor cuando se puso en marcha el cortejo de la Archicofradía de la Esperanza. Había muchas ganas de ver al Nazareno del Paso y la Virgen de la Esperanza. Estaba previsto que el Nazareno, de madrugada, diese la bendición en la plaza del Obispo de forma extraordinaria por cuatro siglos de la primera salida del Nazareno del Paso.