La crisis también golpea a la industria nupcial. A pesar del aumento de matrimonios en Marbella, el número de banquetes se ha reducido considerablemente en el último año. Hoteles, restaurantes, empresas de organización de eventos y fotógrafos profesionales se quejan de la tacañería de los nuevos contrayentes que no dudan en abaratar costes en la celebración de su boda.
Los invitados se llevan la peor parte, porque el recorte empieza por ellos. «Antes las bodas en Marbella rondaban los 300 ó 400 invitados; desde hace un año la media está en 180 ó 200», explica la empresa de organización de eventos ANBoda. «Los novios tienen miedo a no coger suficiente dinero de los invitados. Más de uno se ha llevado un susto, así que van sobre seguro y contratan la celebración que saben que se pueden permitir», añaden. Como es tradicional, las novias recogen el regalo cuando pasan por las mesas y cada vez es más frecuente recibir sobres en blanco aprovechando el anonimato o algunos con recortes de periódico en su interior. Los invitados también sufren la crisis. En otros, las parejas descubren a gorrones que se cuelan en el convite aprovechando la multitud.
Las celebraciones son también más baratas. Según el fotógrafo Juanma Segura los novios se decantan por el reportaje básico. «Las parejas miran más presupuestos y si antes la media del álbum era de cien fotos ahora es de unas 70. Otras veces encargan el reportaje fotográfico a un familiar o un amigo con cámara digital». En otros casos ni siquiera celebran en enlace. El hotel El Fuerte de Marbella tiene una sola boda cerrada para este año. La media antes de la crisis era de unas 25. Restaurantes como La Reserva de Noelia también han notado el descenso de convites. «El número de bodas ha bajado y las parejas que deciden celebrarlo recortan gastos e invitados», apuntan.
20.000 euros de media
Celebrar una boda cuesta una media de 20.000 euros según la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI). El banquete supone la mitad. Los novios no dudan en apretarse el cinturón. Las parejas que se casan por la iglesia católica un mismo día comparten adornos florales; las novias preguntan cada vez más por trajes de alquiler; los CD caseros sustituyen a las orquestas para ambientar el banquete; la tarta baja de pisos y la barra libre empieza a brillar por su ausencia. Al final, hay boda, pero sin boato.