Por más recovecos que tenga Internet, como suele decirse la policía no es tonta. La red de redes, convertida con el paso de los años en un escaparate perfecto para dar rienda suelta al narcisismo y alardear de lo que cada uno considera su logro, es también una herramienta eficaz para que los investigadores sigan la pista de los actos vandálicos, especialmente de los grafiteros que inundan con sus firmas las paredes de las ciudades. Marbella tampoco escapa a este fenómeno y los agentes de la Policía Local siguen el rastro que dejan en la red para intentar poner cara y nombre y apellidos a los autores de las pintadas. Y los resultados no pueden ser más positivos.
Según explica la concejala delegada de Seguridad Ciudadana, María Francisca Caracuel, de la veintena de menores cazados el año pasado por ensuciar paredes o mobiliario urbano con los sprays de colores hubo quienes fueron atrapados por la red. «Habían colgado en Internet un vídeo en el que presumían de los grafitis y en el que daban pistas suficientes para localizarlos», recuerda la edil. El blanco fue uno de los edificios con más solera de San Pedro Alcántara. Y erraron el tiro y, sobre todo, la campaña publicitaria que vino después.
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Basta con teclear las palabras Marbella y grafiti en Google para darse cuenta de la presencia de está práctica en la red y de cómo los grafiteros usan la Internet para relacionarse y para poner en común sus creaciones, en algunos casos de indudable calidad pero que eligen espacios no autorizados para dar rienda suelta a su libertad de expresión, con lo que convierten un supuesto arte en un acto vandálico a golpe de pintura. Algunos vídeos, de varios minutos, incluso hacen un repaso a las 'grandes obras' de estos jóvenes en la ciudad.
Pero no siempre es tan fácil echarle el lazo a los grafiteros. La clandestinidad de este tipo de conductas, que se camuflan en la noche, se lo ponen difícil a los agentes. De hecho, el número de pintadas que inunda la ciudad contrasta con la veintena de expedientes abiertos el año pasado. «Es muy difícil pillarles. Incluso dejan a un compañero en la zona vigilando para avisar si viene alguien», señala Caracuel. Por eso es fundamental la colaboración vecinal, que se dé la voz de alarma cuando se detectan alguna de estas conductas. «Necesitamos de la colaboración ciudadana», añade la concejala.