El alto índice de morosidad unido a la falta de liquidez de las entidades financieras ha sembrado de obstáculos el camino de obtener un pago aplazado. Hace apenas un año fraccionar el abono de una lavadora, un dormitorio o de las vacaciones de verano era, en muchos casos, tan sencillo como presentar el carné de identidad y firmar un documento. Hoy, por contra, los requisitos no sólo se han multiplicado hasta el infinito, sino que además, en un bueno número de ocasiones el cliente acaba recibiendo un 'no' por respuesta.
Diversos establecimientos consultados por este periódico admiten que los consumidores cada vez lo tienen «más duro» para conseguir financiación; una facilidad sin la cual muchos no pueden ni plantearse la compra, lo que acaba empeorando la ya de por sí delicada situación de los comercios. «Hoy día, el cliente no tiene dinero para pagar de una tacada y, si le deniegan el crédito, al final perdemos la venta. Así no levantamos cabeza», critica Mercedes Ortiz, gerente de Muebles Aguilar.
La banca cierra el grifo
Y es que los bancos también han cerrado el grifo de los denominados créditos al consumo. El importe concedido por las entidades financieras para este tipo de operaciones cayó en el último trimestre de 2008 un 37%, hasta los 13.982 millones de euros, según los últimos datos del Banco de España.
El descenso interanual es más acusado cuanto mayor es el plazo de devolución: hasta un año, la rebaja fue del 20,7%; entre uno y cinco años, se redujo un 49,7%, y para plazos superiores, el batacazo fue del 54%. Lo peor de todo es que a tenor de los expertos en 2009 esta tendencia se acentuará.
El precio del dinero, al 2%, está más barato que nunca... pero no para comprar un frigorífico o una cama. Ante el temor a los impagos (en 2008 el importe de los efectos de comercio impagados aumentó un 86,6%, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística), los departamentos financieros de bancos y cajas miran con lupa las solicitudes para aplazar el pago de electrodomésticos, aparatos de informática, equipamientos para el hogar o viajes; una realidad que ya está teniendo eco en las principales tiendas y grandes superficies.
Santiago Lucas, director de Establecimientos Juan Lucas, explica que las entidades les cobran ahora entre un 64% y un 90% más de intereses por otorgarle este tipo de créditos, lo que les ha obligado a reducir los meses dados a sus clientes para el pago aplazado. «Estamos sacrificando nuestro margen de rentabilidad y buscando fórmulas para seguir ofreciendo este tipo de operaciones ya que, si no, los números a final de mes no salen. Antes dábamos 24 y hasta 30 meses sin interés y ahora sólo podemos dar doce», detalla este empresario malagueño, al tiempo que insiste en que el índice de créditos denegados se ha disparado un 30%.
Así las cosas, el rosario de requisitos crece cada día como relata Santiago: «A los autónomos ya no les vale con la nómina; ahora no les conceden un crédito si no se presentan la declaración de la renta. En el caso de pensionistas, a los mayores de 72 años prácticamente no les dan nada o le exigen el papel de la revalorización de la pensión. Para el resto, es requisito indispensable tener una cierta antigüedad laboral y una nómina alta; y todo ello con innumerables llamadas de teléfono y tiempo esperando», dice.
Jóvenes y jubilados
Desde Muebles Aguilar, confirman este planteamiento. «Las financieras ya no dan ni un céntimo si no hay sueldos elevados y avales de por medio. De cada tres solicitudes, mínimo, una nos la rechazan», destaca Mercedes Ortiz, quien añade que la estampa se complica con creces para los jubilados o los jóvenes. «Les ponen mil problemas», sentencia. En cuestión de viajes, las trabas también aumentan. «Los bancos no dan ni un crédito y las financieras nos han triplicado los intereses. Al final los asumimos las agencias para no perder clientes, lo que nos está poniendo entre las cuerdas», indican en el sector.