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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 7 febrero 2012

Cultura

NOVELA

Robert Juan-Cantavella repasa en ‘El dorado’ el estado de postración de la realidad española con inteligencia e ironía

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Una crónica gonzo
Robert Juan-Cantavella hace gala de una gran ironía en sus libros. / SUR
S I uno se molesta en acudir, antes de nada, a la extensa dedicatoria final donde el autor de esta novela insólita aclara sus deudas reales o simbólicas, lo primero que le llamará la atención es el agradecimiento a «los concejales de urbanismo y otros mafiosos del ladrillo, que aparte de cargarse el país me han dado un tema sobre el que escribir». Y, poco después, a «los políticos, así en general, por demostrar con su majadería que el sueño americano es posible en cualquier rincón del planeta». Si además tenemos en cuenta que, durante este viaje demoledor por una España a punto de hipotecarse para siempre, se satiriza la visita papal a Valencia en 2006 y, además, se especula con la demencia de los promotores y usuarios de la megalópolis turística de Marina D'Or, los abusos de la SGAE, el exterminio en diversos atentados de todas las testas coronadas del planeta y parte de la aristocracia española, la bancarrota de la clase media y la familia nuclear, habría que concluir que Robert Juan-Cantavella (o su corrosivo alter ego, Trebor Escargot) es uno de los 'terroristas' literarios con mejor puntería y sentido del humor del panorama narrativo español.
No podía ser de otro modo, ya que estamos hablando del gran discípulo europeo de Hunter S. Thompson. El autor de 'Miedo y asco en Las Vegas' fue el inventor del estilo 'gonzo', esa modalidad de la crónica que se traviste de reportaje alucinado (o 'aportaje', como lo rebautiza Cantavella). Una aplicación periodística del científico principio de incertidumbre, donde es imposible distinguir entre lo que ha ocurrido de verdad ante los ojos atónitos del periodista enviado al lugar de los hechos para ofrecer una versión normalizada de lo sucedido y la tempestad que se ha desatado en su cabeza como consecuencia de la ingesta intencionada de toda clase de drogas de diseño con objeto de que ocurra por fin algo digno de reseñar. En suma, el formato informativo que no se recomienda en las escuelas ni gustaría a ningún pope periodístico, que lo consideraría una prueba de flagrante locura. Es una lástima, sin duda, ya que en la era de la información en red los lectores ganaríamos mucho con reporteros que cubrieran conflictos o acontecimientos recientes con el desparpajo y el ingenio 'deconstructor' con que Cantavella da cuenta de su estancia en el paraíso vacacional más hortera de la Eurozona o la multitudinaria sacralización del Papa Ratzinger como icono mediático del siglo veintiuno.
Estética híbrida
Esta novela extraordinaria participa así de una estética híbrida. Un periodismo pervertido en sus métodos y fines hasta extremos impensables y una literatura dividida entre la atención a la grosería masiva de lo real y la preservación de la inteligencia y la ironía frente a la avasalladora pretensión de tales eventos de acabar con cualquier capacidad de juicio y discernimiento crítico. Ambos extremos de la experiencia más contemporánea son retratados por Cantavella en una tentativa de agresión al lector fundada en un principio apelativo de gran eficacia retórica: «inocularte a bocajarro una buena dosis de realidad deslumbrada o de periodismo diferido o de costumbrismo malversado o de literatura en directo o de lo que sea».
Tradición literaria
La tradición literaria en la que se inscribe 'El Dorado' es la de todos los autores de la historia que han hecho de la parodia, es decir, del desmontaje cómico de las creencias dominantes en un orden social determinado, el recurso principal de sus hilarantes invenciones. Conviene recordar que si la novela más famosa de Thompson se subtitulaba 'Un viaje salvaje al corazón del sueño americano', la gamberrada novelesca de Cantavella bien podría subtitularse 'Un viaje alucinante al marcapasos de la siesta española'.
'El Dorado' es, pues, una novela imprescindible para cualquier lector al que preocupe el estado de postración crónica de la realidad española, o quiera profundizar en las causas de su digitalización histórica y reconversión en parque temático, sin soportar el soporífero análisis de los expertos o las hábiles manipulaciones de los políticos para encubrir su complicidad en el fenómeno. Tras participar en esta desternillante catarsis, el lector experimentará una inmediata mejoría en sus facultades mentales.
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