Han bastado unos pocos meses para que la naturaleza obrara el espectacular cambio. Después de más de tres años en los que los embalses malagueños -excepto La Concepción- han estado casi vacíos, uno de los años hidrológicos más húmedos de la historia ha hecho que los pantanos recuperen su imagen de vida. El agua vuelve por sus fueros, por escorrentías, arroyos y ríos, y desemboca también en unas presas que ofrecen estos días, tras las tormentas de las últimas semanas, estampas olvidadas.
Los siete grandes embalses de la provincia (Conde del Guadalhorce, La Viñuela, La Concepción, Guadalteba, El Limonero, Guadalhorce y Casasola) contienen ya más agua que hace un año. El salto se dio en otros casos hace semanas, y estos últimos días ha sido el turno del pantano de la Axarquía, el más grande de Málaga, con 170 hectómetros cúbicos de capacidad. La Viñuela, clave para el abastecimiento de la provincia, ha rebasado los 50 hm3, y casi duplica el agua que almacenaba hace sólo quince días.
Según los datos actualizados de la Agencia Andaluza del Agua, las reservas superficiales de Málaga superaban ayer los 290 hectómetros cúbicos -casi el 50% de su capacidad frente al 26% de hace un año- y aunque no llueve las próximas semanas el volumen de agua embalsada seguirá subiendo. Y es que los cursos de agua, desde los más humildes a los más caudalosos como el Guadalhorce, seguirán llevando aportes a los vasos de los pantanos.
No sólo las presas están recibiendo los beneficios de las generosas precipitaciones de los últimos meses, que además han sido por lo general intensas pero no torrenciales y no han causado daños de relevancia en las explotaciones agrícolas. Los recursos subterráneos también han mejorado de forma espectacular, elevando el nivel de unos acuíferos que estaban muy castigados por su uso excesivo y, con frecuencia, por la contaminación y la intrusión de agua del mar.
El agua ha vuelto a Málaga, y ha sido únicamente gracias la acción de la naturaleza. Desde que la Junta de Andalucía aprobara, en noviembre de 2005, el Decreto de Sequía que afectó primero a la capital y los municipios del Valle del Guadalhorce, y que el pasado mes de octubre se amplió a la Axarquía, las inversiones para corregir la merma de las reservas han llegado con cuentagotas.
Apenas se han acometido obras de calado, y el mejor ejemplo es que la desaladora de Mijas-Fuengirola, la gran actuación prometida en 2004 para reducir la dependencia de la pluviometría, ni siquiera ha empezado a construirse. Tampoco se ha abordado el recrecimiento de la presa de La Concepción, entre Marbella e Istán, que cada año desembalsa decenas de hectómetros por su falta de capacidad. Ni el Gobierno central ni el autonómico, una vez que se recibieron las competencias hidrológicas, han cumplido sus promesas para reducir el déficit hídrico de la provincia, estimado en más de 120 hectómetros cúbicos al año.
La recuperación de algunos pozos y mejoras de menor entidad en conducciones y depósitos son el escaso bagaje de las inversiones en Málaga desde 1995. Fue entonces, coincidiendo con el final del anterior periodo de sequía, cuando se acometieron las últimas grandes obras, con el trasvase La Viñuela- Málaga y la conducción de los ríos Guadalmina, Guadaiza y Guadalmansa como inversiones estrella.
Con las presas en pleno proceso de recuperación gracias a unas lluvias que superan los 300 litros por metros cuadrado desde octubre (el doble que el año hidrológico 2007-2008), y a sólo unas semanas vista de que se levante el Decreto de Sequía, se anuncia que se acometerán las obras pendientes. Esa es la única fórmula para evitar que un nuevo ciclo seco que volverá con toda seguridad a Málaga deje a la provincia mirando de nuevo al cielo con preocupación. A la espera de que se cumpla ese enésimo compromiso, queda al menos la tranquilidad de ver el espectáculo de los embalses llenos. Las lluvias, como la felicidad, aparecen un instante y se van.