INMERSOS de lleno en una fase de recesión económica, en la que importa menos el cumplimiento estricto de las condiciones para su consideración técnica como tal (dos trimestres consecutivos con caídas intertrimestrales del producto interior bruto en términos reales) y mucho más el impacto en el mercado de trabajo y en las expectativas de los agentes económicos, la restricción crediticia aparece situada en el ojo de huracán como uno de los factores esenciales que inhiben la recuperación.
Aunque era algo ya plenamente asumido, la crisis financiera internacional ha despejado cualquier atisbo de dudas, si es que existía alguno, acerca de la importancia crucial del sistema financiero para el funcionamiento de la actividad económica. Como, de forma gráfica, ha señalado Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, puede afirmarse que el sistema financiero es la cinta transportadora a través de la cual opera la economía y, si esa cinta se bloquea, se paraliza toda la actividad.
La cuestión es especialmente relevante para un país como España, que ha financiado su prolongado período de expansión de los últimos quince años en gran medida con recursos procedentes del exterior. Pero, más allá de las percepciones que puedan tenerse, parece oportuno descender al examen de los datos reales de la evolución crediticia, con objeto de enmarcarla dentro de un período amplio.
El gráfico adjunto, en el que se refleja la evolución del PIB y del crédito bancario al sector privado, ambos en términos reales, es bien expresivo. El ritmo de crecimiento de dicho crédito ha caído de forma vertiginosa en los últimos años. No obstante, la anterior constatación no debe ocultar algunos hechos evidentes: por un lado, dicha ralentización tiene lugar después de que, especialmente en los años 2005 y 2006, se alcanzasen tasas de crecimiento excepcionalmente elevadas; por otro lado, incluso en 2008 el crédito ha seguido creciendo, es decir, pese a la brusca disminución de su tasa de variación, el saldo del crédito total ha continuado aumentando; por último, el crédito mantiene una tasa de crecimiento superior a la del PIB, sin que, hasta el momento, se haya llegado a una situación contraria, como la vivida en la crisis de comienzos de los años noventa.
Si, en lugar de las tasas anuales, se atiende a las tasas mensuales de variación interanual del crédito, también se observa, tal vez de un modo sorprendente, que la situación en 2008 ha sido significativamente más favorable que la existente en los años 1993 y 1994. Igualmente un tanto llamativo resulta el hecho de que, con datos del mes de noviembre de 2008, el crédito de las sociedades creciera a un ritmo superior (algo más de un 8% en términos nominales) que el de las familias (5%). Ahora bien, como ha apuntado el Banco de España, ese mayor dinamismo de la financiación empresarial podría venir parcialmente explicado por la utilización de líneas de crédito aprobadas con anterioridad. Por otra parte, la ralentización del crédito ha afectado a todos los sectores productivos, pero aun así, con datos del tercer trimestre, las sociedades de los sectores de la construcción e inmobiliario mantuvieron tasas positivas (4% y 8%, respectivamente).
Así pues, sin perjuicio de realizar -dentro del respeto del papel atribuido a las entidades financieras, que administran un dinero ajeno- todos los esfuerzos necesarios a fin de movilizar recursos, de forma que se posibilite la continuidad de proyectos empresariales y la puesta en marcha de otros nuevos, así como la financiación de los planes de gasto familiares, podría ser conveniente identificar qué otros factores de naturaleza no crediticia pueden estar contribuyendo a la existencia de un mayor lastre sobre las posibilidades efectivas de recuperación económica. Sin pretender rebajar la magnitud real de la crisis económica actual, quizás no esté de más recordar las siguientes palabras de Alan Greenspan de su libro de memorias: «Si las personas se retiran de la vida económica diaria ... se produce un efecto de bola de nieve. Es la psicología la que lleva al pánico y a las recesiones».