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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 7 febrero 2012

Sociedad

EL FOTOMATÓN

Nací en 1941 / Las radionovelas fueron mi primera escuela / Con la compañía ARA, tuvimos la picardía de burlar la censura / En teatro he hecho de todo: actor, director, profesor, regidor y hasta carpintero / Estuve doce años al frente de la Escuela de Arte Dramático /
18.01.09 -

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E N el escenario, ha sido el hombre de las cien caras. Se ha introducido en la piel del seductor Don Juan, ha revivido la destrucción del Imperio romano como Rómulo el Grande, ha representado las crueldades de Calígula y ha dado forma, entre otros, al heroico Ulises. Tras las tablas, es el hombre de los cien trabajos: director teatral, profesor, crítico, regidor, director de la Escuela Superior de Arte Dramático... y hasta carpintero y electricista de la compañía. «Lo que hiciera falta». Óscar Romero celebra hoy su medio siglo de vida teatral con un homenaje que le rinde el XXVI Festival de Teatro, el mismo que él inauguró en 1983.
Nació «el siglo pasado, después de la Guerra Civil y en plena Guerra Mundial», en una casa de la Pelusa de El Palo. El calendario marcaba el 25 de febrero de 1941. Allí vivió hasta los cinco años y allí acudió a su primera obra de teatro. Fue en el cine de la barriada, donde su padre trabajaba como proyeccionista de películas, y sobre las tablas se subió la actriz Guillermina Soto. «Cosas de la vida», años después, ella sería su primera profesora de teatro.
Con nueve años, problemas de salud le llevaron a refugiarse en los libros y en la radio. Una enfermedad renal le obligaba a pasar largos periodos de reposo en su nueva casa de plaza Bailén. «Leía todo lo que caía en mis manos y me bebía todo el teatro radiofónico que había». Para él, las radionovelas fueron su «primera escuela de aprendizaje». Mientras tanto, «a trompicones», terminó el Bachillerato.
Los 18 años le trajeron algo más que la mayoría de edad: su estreno teatral. En la antigua Iglesia de la Merced, Romero (recuperado ya de sus achaques de riñón) acudió a una representación de la compañía que dirigía aquella actriz a la que vio con apenas tres años. «Tenía una escuela de teatro. Con ella me fui y con ella me convertí en actor». Comenzó a rodar por pueblos de Andalucía como cómico de legua y actor en los veranos, mientras perfeccionaba su formación en invierno. Su primer papel sería como alguacil de Don Juan Tenorio; con el tiempo haría del propio burlador.
A principios de los sesenta, el joven Óscar entró en «un mundo distinto, de glamour pero con mucho trabajo». Lo haría de manos de la compañía ARA, de la mecenas teatral Ángeles Rubio Argüelles, quien instauró las representaciones en el Teatro Romano. Con ella estudió la carrera de Arte Dramático: clases por la mañana, actuación por la tarde, ensayo por la noche... y un estreno cada quince días. «Aquello me dio una soltura enorme». Entre sus compañeros, se encontraban Raúl Sender y Fiorella Faltoyano. El servicio militar le apartó dos años de su pasión, pero regresó a Málaga ya como profesor de ARA y debutó como director teatral. Tito Valverde fue uno de sus alumnos. También lo fue quien ahora es su ex mujer, con la que tiene dos hijos.
Corrían los setenta y el franquismo asfixiaba a las artes. Romero no olvida aquella noche en la que él y sus compañeros estuvieron a punto de acabar en el calabozo vestidos con togas tras una representación. Pese a todo, tuvieron «la picardía de burlar la censura en muchos momentos». Antes de cada estreno (algunos muy críticos, como 'Lex Flavia Malacitana'), debían mandar tres copias del libreto a Madrid, que luego devolvían con tachones en cada página. «El truco era escribir siete copias con la máquina Remington y enviar las tres últimas, en las que no se leía nada». Mientras llegaba la petición del Gobierno de una copia legible y se esperaba respuesta, se cumplía el plazo marcado por la ley (el silencio se consideraba una autorización) y la obra ya se había representado.
Su amor por la enseñanza le encaminó hacia el entonces Conservatorio Superior de Música y Escuela de Arte Dramático y Danza. Instruyó a sus alumnos (desde María Barranco a Fran Perea) en danza, teatro negro y marionetas, historia del teatro, literatura dramática, dirección escénica... En 1988, se separaron las secciones y nacía la Escuela Superior de Arte Dramático y Danza. Él fue su primer director, y siguió al frente doce años más. Ya en 1990, formó parte de la comisión gubernamental que redacta el proyecto de ley que reconoce a las enseñanzas artísticas como superiores. «Conseguimos dignificarlas».
Ahora, superada la parálisis que sufrió tras una operación, Óscar Romero lleva una vida más sosegada, pero sin apartarse nunca de la escena. El año pasado estrenó la obra 'Pedro y el capitán', es crítico de SUR y ha puesto en marcha un blog ('Teatro a mi manera'), en el que vuelca sus reflexiones sobre este arte. «Mi mayor orgullo es que casi no tengo enemigos y sí muchos amigos. Me siento querido y respetado». Todos estarán esta tarde en el Cervantes.
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