El sector, que prevé mover 4.500 millones de euros en 2008, afronta el año que viene con previsiones poco halagüeñas, que incluyen un estancamiento de la demanda y del crecimiento, un descenso en la tasa de ocupación, el cierre de casas rurales y cambios en los hábitos de los viajeros. La mitad de los turistas admiten ya que para abaratar costes viajan menos días, a destinos más económicos y próximos.
El informe anual 'Radiografía del Viajero Rural 2008', realizado por el portal de internet Toprural.com, que gestiona el 65% de la oferta española de turismo campestre, es contundente. La mitad de los viajeros encuestados reconocen que las dificultades económicas les forzaron en 2008 a cambiar sus planes vacaciones respecto de otros años. De ellos, el 40% ya permanecieron el pasado verano menos días en sus destinos; el 36% tuvieron que elegir alojamientos más baratos y el 17% optaron en sus escapadas por destinos más cercanos, para reducir los gastos de desplazamiento.
El precio de las casas se ha convertido, además, en un factor decisivo y disuasorio a la hora de contratar un alojamiento rural.
El estudio, basado en 2.258 entrevistas, arroja otro dato revelador: El 55% de los viajeros rurales consideran que este tipo de turismo «es caro». De hecho, en 2008 el gasto medio por persona y fin de semana descendió respecto del año anterior de 169,4 a 165,8 euros.
El dinero destinado por los turistas rurales al alojamiento experimentó en ese periodo una subida mínima -de 81,5 a 82,1 euros de media-, y bajó el gasto en transportes y actividades complementarias una vez en los destinos, como visitas a lugares de interés, deporte y gastronomía -83,7 euros en 2008 frente a 87,9 euros en 2007-.
La muestra constata, además, que el 22% de los viajeros rurales redujo la asiduidad de sus viajes, y de ellos la mitad reconocen que la causa fue la pérdida de poder adquisitivo derivada de la crisis.
Aún así, el 53% mantuvo este año la misma frecuencia de salidas que en 2007, y el 25% restante afirma incluso haber realizado este año más viajes rurales. Pese a las estrecheces, el total de las «escapadas» de los españoles bajó muy poco, con una media de 3 al año, frente a las 3,1 de 2007.
Un año complicado
El consejero delegado de Toprural, François Derbaix, prevé que 2009 «va a ser un año muy complicado para el sector» por la crisis económica y porque en 2008 «han seguido abriendo casas» por toda España, circunstancia que hará disminuir la tasa de ocupación por establecimiento.
Sobre este particular, el responsable de Toprural aporta otros dos datos significativos: la oferta de casas creció en 2008 a un ritmo del 11% al año, mientras la demanda de este tipo de hospedajes lo hizo sólo al 2%.
Para 2009, la previsión que maneja el sector es una ralentización de la oferta, que crecerá al 5%, y en la demanda por primera vez «podría haber crecimiento cero, o a lo sumo crecer un en torno al 2%». A la vista de esos datos, Derbaix admite: «algunos alojamientos que estén al límite tendrán que cerrar y otros muchos aguantarán mientras puedan cubrir gastos». Los propietarios cuya economía se base sólo en la explotación de una casa rural (en torno al 35%) lo pasarán peor que los que cuenten con fuentes adicionales de ingresos (el 61%). Toprural cree que el año próximo «la crisis moderará la apertura de nuevos alojamientos y provocará el cierre de los negocios menos rentables».
El número de casas rurales en España se duplicó entre 2002 y 2007 hasta alcanzar las 13.000 actuales, que emplean a 20.000 personas. A largo plazo y superada la crisis, el sector cree que la demanda volverá a crecer en torno al 5%. La oferta de alojamientos, sin embargo, nunca más experimentará una expansión tan espectacular, y se estabilizará por debajo del 5%.
En el caso de Málaga, los alojamientos turísticos de interior crecieron un 42% desde 2004 a 2007, pasando de 735 a 1.045, con una oferta de 17.015 plazas, un 30% más que cuatro años atrás.