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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

VIVIR

Nací en Cabra (Córdoba) / Estudié Medicina en Sevilla, donde me inicié en una medicina que ligaba consulta e investigación / Llegué a Málaga en 1974 / Soy jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Carlos Haya / Mi afición son los caballos / Texto: María Dolores Tortosa Fotos: Yolanda Montiel
07.12.08 -

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H AY en Google 1.990 páginas en inglés y 5.020 en español donde aparece Federico Soriguer, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Carlos Haya. No hace falta buscar en otros idiomas, son suficientes para constatar la notoriedad de uno de los médicos de mayor prestigio internacional. Y trabaja en Málaga, y en la sanidad pública, su pasión.
Federico Casimiro-Soriguer Escofet nació el 18 de agosto de 1946 en Cabra (Córdoba). Su padre, Juan Luis, era catedrático de Matemáticas en el instituto de la localidad. En aquel hogar culto y repleto de hijos -ocho-, Federico creció como un niño feliz y «en libertad», más en la calle que en casa. Subraya que tuvo unos padres ejemplares, que le transmitieron en aquella época precaria valores como la honradez, el trabajo y la sinceridad. Su madre, Josefa, aún sigue siendo el eje vertebral sobre el que gira su extensa familia, «lo más valioso de la vida». En el instituto del que serían alumnos Juan Varela, Alcalá Galiano y Carmen Calvo, fue Federico un buen estudiante. Estudió Medicina influenciado por su abuelo materno, Carlos, médico de pueblo. En 1962 inició la carrera en un edificio singular de Sevilla, el hospital de las Cinco Llagas, ahora sede del Parlamento andaluz. No guarda buenos recuerdos. Considera que aquella escuela de Medicina era «mala y anticuada». «No, no era un chico yeyé», confiesa. Era un chico estudioso en una universidad políticamente efervescente. El choque iba a ser inevitable. Guarda como anécdota una deuda con Luis Yáñez, un estudiante de Medicina mayor con quien discutía acaloradamente en aquellos debates universitarios. «Él no sabe lo mucho que contribuyó a mi orientación política, me daba unos revolcones..., pero luego, en la soledad de mi casa, reconocía que llevaba razón». Despertó allí su conciencia social. «Soy culturalmente de izquierdas, pero sin partido».
Con 22 años, ya era profesor de Patología Médica en la Universidad de Sevilla y trabajaba como médico internista en las Cinco Llagas. Además, como subdirector del colegio mayor Hernando Colón, organizaba actividades que le llevaron a cenar con Miguel Ángel Asturias, Vargas Llosa, Caro Baroja o Alfonso Grosso. Fue una «época muy bonita, magnífica». Ganaba sólo dos mil pesetas, pero era rico en experiencias. Comenzó entonces a desarrollar con un grupo de profesionales una medicina en la que ligaba la consulta y la investigación, ya en el campo del que se convertiría un experto, el metabolismo.
Aquel ensayo despertó recelos de sus superiores, chocó contra el sistema fascista de la época y pagó su ilusión con el despido. «Me vi en el paro». Una suerte para Málaga. En esta ciudad recaló en 1974 como adjunto de Medicina Interna en Carlos Haya. «Allí encontré un espacio de libertad como nunca había soñado». Puso en marcha el experimento frustrado en Sevilla, fusionar la investigación y la atención a los pacientes. Y así, «como médico de día y científico de noche», fue dando cuerpo al servicio de Endocrinología y Nutrición que hoy hace figurar a Carlos Haya como uno de los hospitales punteros en esta especialidad, sobre todo en diabetes, y pionero en las operaciones de cambio de sexo.
Federico Soriguer escribe mucho, artículos, libros de medicina, cuentos..., y calla algunas cosas que tengo que buscar en la hemeroteca: en 2005 recibió el premio de la Fundación Uriach por su trayectoria científica, 120.000 euros, que él donó a la investigación. Se considera un hombre familiar, tiene dos hijos, Federico y Lucía, y confiesa una afición: «Me gustan mucho los caballos».
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