Una de las experiencias más hermosas que he disfrutado en mi vida ha sido asistir durante cuatro años a las temporadas de ópera del Metropolitan de Nueva York, esa deliciosa bombonera con capacidad para más de tres mil espectadores y con una acústica admirable desde todos los puntos de la sala. El Metropolitan es uno de los templos de la lírica mundial. Es tradición poner en escena casi todas las temporadas 'Tosca'. Se trata de un montaje extraordinario de Zeffirelli que los neoyorquinos conocen al dedillo, pero que siempre les resulta singular porque lo es sin lugar a dudas.
Cualquier espectador, pese a vivir en la era de la Red, queda impresionado ante la belleza del interior de la iglesia, ante su esplendor de decorado efímero. Quien haya visto esta representación no puede olvidarla. La escena del cortejo y el momento en el que se produce la bendición es una de las cumbres de la ópera; no en vano Puccini es el gran compositor del género de principios del siglo XX. Supo como nadie unir la tradición italiana con la francesa y con la alemana, fundamentalmente Wagner. Consiguió una síntesis personal que se completa con un interés absoluto por la fidelidad; por ejemplo en Madama Butterfly introduce melodías tradicionales japonesas y hasta el himno imperial. Aunque la crítica italiana, ya se sabe que en la casa de uno es donde se producen las mayores y amargas críticas, se le tachaba de comercial, tuvo el respeto de sus contemporáneos y del maestro Toscanini, con el que mantuvo una excelente amistad.
Ecléctico y melancólico
Puccini fue un ecléctico musical y un melancólico de temperamento. Desde 1903 hasta 1924, año de su muerte, su vida se hizo difícil por la larga recuperación que sufrió por un accidente de coche, por el suicidio de la joven aya Doria, por la que la esposa del artista sentía unos celos enfermizos, por sus diferencias con su esposa Elvira, por la muerte de sus colaboradores más directos y por el cáncer de garganta que acabó con él. Pero no me interesan tanto las cuestiones biográficas sino las estéticas.
Es preciso, antes de seguir, reseñar que obtuvo un gran éxito entre el público. Escribió doce óperas incluyendo las de un acto, en ellas es capaz de crear un universo que sigue dialogando con plena eficacia con todos los que en la penumbra de la sala asisten a las peripecias del escenario, especialmente en lo que se refiere a las heroínas de sus románticas y trágicas historias.
Las óperas del italiano son ejemplos señeros del romanticismo como expresión extrema de las pasiones. El sentimiento trágico y la fuerza patética que conducen a un destino fatal son los motores de la acción encarnada en unos personajes que alcanzan altos valores simbólicos pese a que los hechos representados sean sencillos.
Un rasgo peculiar de su carácter que llevó a sus obras fue una especie de deseo de probarse con otros compositores que ya habían tratado los mismos temas, incluso con los mismos títulos, con anterioridad. ¿Deseo de competir? ¿Afán de superarse? No lo sabemos con certeza pero este mecanismo nos permite ver sus modificaciones y nuevos planteamientos frente a materia conocida; es decir, su forma de hacer progresar el género.
Voy a centrarme en algunas obras menos conocidas, sería muy fácil recurrir al repertorio habitual. Su primera obras es Las Villi y en ella ya se encuentra la melancolía en forma de nostalgia del amante y, lo más importante, de nostalgia anticipada ante lo efímero de la belleza y de la felicidad.
En torno a la traición
La historia se articula en torno a la traición de Roberto, que abandona a Ana, ejemplo del amor más sincero; esta, al sentirse traicionada, muere, y su alma se une a las villi, almas de mujer que padecieron el engaño. El traidor morirá en una desenfrenada danza entre estos espíritus de mujeres burladas.
En Edgar crea dos arquetipos femeninos, Fidelia, el nombre lo dice todo, y Tigrana, también el nombre la define. La obra tiene el componente conocido del fingimiento de la muerte por parte del protagonista que se arrepiente de haber abandonada a Fidelia pero Tigrana asesinará a la joven. La clave de la obra está en la oposición entre el amor de la cortesana frente al amor de la muchacha inocente. En esta obra los coros tienen una gran importancia. La clave del éxito está en la música, pero hay que considerar que la ópera es un espectáculo total y el componente de la historia es muy importante; pues bien, Puccini consigue que su espíritu romántico sea verosímil y que los sentimientos expresados sean normales aunque universales y que se correspondan con mecanismos de representación que podemos considerar atemporales.
Hay que tener en cuenta que los tiempos, como afirma la zarzuela, adelantan que es una barbaridad. Seguramente hoy la trama de 'La golondrina' sería un tema desechado por el autor. Una cortesana conoce a un joven en una sala de baile y viven juntos unos meses de felicidad; cuando él le propone matrimonio, ella le desvela su identidad y lo abandona. La moral, ya se sabe. Esta es una obra entre la ópera y la opereta que tuvo éxito y hoy casi desconocida. La profunda atención de Puccini a todas clases de músicas le llevó a incluir en la partitura valses, tangos, fox-trot lento y one step, muy popular en aquellos años de la primera década del siglo pasado. Sor Angélica era una de sus obras preferidas. Puccini tenía una hermana monja que llegó a ser superiora de su convento. Se trata de una historia llena de dramatismo y también lejana, muy lejana de nuestra manera de entender las cosas. La protagonista de esta ópera en un actor lleva siete años en el convento sin recibir a nadie; un día llega una dama de apariencia acomodada, su tía, que pretende que firme unos documentos por los que renuncia a su parte de la herencia que le corresponde.
Personaje frío y cruel
Angélica deshonró a la familia y para purgar su pena entró en religión pero no puede olvidar a su hijo. Su tía le informa que el niño murió. Angélica se suicida pero antes de morir arrepentida, ve a la Virgen María acompañada del hijo perdido. Puccini crea en la tía de Angélica un personaje como Scarpia de Tosca, frío, cruel, inamovible. ¿Melodrama? Claro que sí, pero tan humano que sigue humedeciendo los ojos con su belleza lírica.
Voy a recordar. Es una noche de invierno en Nueva York. La sala está repleta. La soprano lleva un kimono de flores de loto y aves del paraíso. Se ha despedido del hijo y se va a suicidar por el honor de los suyos. Cio-Cio San mira el pozo de la muerte desde el infinito de la belleza, Puccini, ni más ni menos.