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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 7 febrero 2012

Cultura

Cosas transparentes

Charles Bukowski coleccionó un buen puñado de negativas antes de convertirse en un autor de culto

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Notas de rechazo
El escritor norteamericano Charles Bukowski. / SUR
LA editorial Nórdica Libros ha publicado, en una edición tan atractiva como sus anteriores entregas, el primer relato de Charles Bukowski titulado: 'Secuela de una larguísima nota de rechazo'. Como se advierte en la contraportada, este relato autobiográfico lo escribió Bukowski con veinticuatro años y fue publicado en 'Store Magazine'. Al poco tiempo, se desilusionó con el proceso de publicación y dejó de escribir durante una década. Ciertamente, el proceso de publicación desespera a muchos escritores noveles que observan desilusionados el funcionamiento del mercado editorial. El relato de Bukowski empieza contando, como el propio título indica, la larga nota de rechazo que una editorial envió al escritor. Esto le llamó la atención, porque normalmente las editoriales suelen se parcas en palabras y se limitan a contestar con comentarios típicos, tales como: «Lo sentimos, pero su novela no se ajusta exactamente a nuestra línea editorial»; «Ahora mismo estamos saturados»; aunque también hay algunas editoriales que responden de una manera tan clara y taxativa que dejan medio grogui al autor: «Lo sentimos pero su libro no nos interesa».
La larga carta de rechazo que le llegó a Charles Bukowski y que tanto le sorprendió, me ha hecho recordar la que yo recibí de una editorial tras haberles enviado el manuscrito de mi novela 'Muntaner, 38'. Una larga carta escrita de puño y letra por quien sigue dirigiendo la editorial y donde lo más agradable que me decía era que la cita de Samuel Beckett con la que iniciaba el libro y los títulos de los capítulos era lo mejor de la novela, ya que, por lo demás, el contenido le resultaba decepcionante. Mi carta de rechazo ocupaba una cuartilla por las dos caras y tras una crítica demoledora, que no me dejó grogui sino fuera de combate, se despedía con cierta pizca de humanidad reconociendo que, quien abajo firmaba, no era una persona infalible y que a lo mejor estaba cometiendo el fallo más grande de su vida. No recuerdo del todo bien el resto del contenido de esa carta que guardo entre mis recuerdos de guerra. Y no lo recuerdo porque, misteriosamente, la tinta desapareció al cabo de poco tiempo y hoy, en realidad, sólo guardo una cuartilla tan blanca como una lápida innominada. Mi madre me consoló entonces con uno de aquellos refranes que ella solía pronunciar y que solventaban la complejidad de la vida en una sencilla frase: «A palabras necias oídos sordos». Ahora me alegro de que no me quedara tirado en la lona tras aquel golpe. Aquella mala novela me permitió vivir de la literatura.
La carta de rechazo que recibió Bukowski fue mucho más indulgente, aunque en el fondo latía el mismo mensaje. Un mensaje que viene a decir que si no se escribe como el editor quiere nunca podrás publicar. Esta es la larguísima nota de rechazo que recibió Bukowski:
«Estimado señor Bukowski:
Una vez más, nos encontramos ante un conglomerado compuesto por una parte extremadamente buena y por otra atestada de idolatradas prostitutas, de escenas de vómitos sobrevenidos a la semana siguiente, de misantropía, de elogio del suicidio, etc., que es algo que una revista no puede publicar de ninguna de las maneras. No obstante, se trata de algo muy parecido a esas odiseas que viven determinado tipo de personas, y creo que en ese sentido ha hecho usted un trabajo auténtico. Probablemente publiquemos algo suyo en alguna ocasión, aunque no sé cuándo exactamente. Eso depende de usted.
Se despide atentamente,
Whit Burnett».
Después de leer la carta Bukowski pensó «que sólo llevaba escribiendo dos años, dos cortos años. Hemingway tardó diez y Sherwood Anderson cumplió los cuarenta antes de que le publicaran algo». A mí también me dijeron, cuando tenía veinticinco y quedé finalista del premio Sésamo, que no me sintiera decepcionado ni tuviera prisa porque los novelistas comenzaban a verle color a su oficio después de los cuarenta. Yo me apliqué y 'Muntaner, 38' se publicó cuando tenía cuarenta y un años. Menos mal que Bukowski volvió a escribir y recobrar la ilusión por la literatura; claro que para eso hubieron de pasar diez largos años. A lo largo de ese tiempo estuvo bebiendo, salía con mujeres que bebían tanto como él y vivía experiencias que más tarde habría de convertir en literatura; a pesar de editores como Whit Burnett.
Cuando Charles Bukowski publicó 'Secuelas de una larguísima nota de rechazo' en 1944, ignoraba que dieciséis años después un joven de Nueva Orleáns de la misma edad que él tenía en 1944 escribiría una novela fabulosa que fue rechazada por varias editoriales. El escritor se llamaba John Kennedy Toole y su novela 'La conjura de los necios'. La literatura era su vida y al creerse un escritor frustrado se suicidó en 1969, a los treinta y dos años de edad. Luego su madre siguió intentando durante una década que se publicara la novela hasta que finalmente lo consiguió en 1980, cuando ella tenía setenta y nueve años. Bukowski conoció a Toole cuando ya había muerto. Lo conoció a través de sus palabras. Bukowski leyó la novela de Toole y también se enteró del desdichado destino del escritor de Nueva Orleáns; el novelista que se había matado por no conseguir esa gloria que, once años después de suicidarse, todo el mundo le otorgaba. Bukowski pensó en sí mismo con cincuenta y seis años menos, cuando acababa de cumplir veinticuatro años y tenía la convicción de que nunca llegaría a nada.
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