
La diseñadora, con sus creaciones en Rumanía. / EFE
La diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada ha seducido al público rumano en su primer viaje a este país balcánico y con la explosión de colores y formas lúdicas de su nueva colección "pret-á-porter" primavera/verano 2009. Titulada "Incredible Nice", la línea fue presentada anoche en la plaza World Trade de Bucarest, tras cosechar éxitos en Madrid, París, Milán, Nueva York y Tokio.
En la pasarela se vieron modelos asimétricos, largas túnicas o prendas extremadamente cortas para vestir a la mujer como una gran heroína en un mundo en el que el vestuario, muy cómodo, nunca oprime ni aprieta. "La moda va siempre en paralelo con las ganas de libertad" declaró Agatha Ruiz de la Prada, quien señaló que está por primera en Rumanía, donde la gente está muy interesada en la moda y la han recibido como "a una princesa". Recordó que presentó sus colecciones también en otros países del este como Polonia, Serbia, Bosnia Herzegovina, Albania, Montenegro y que en todas partes sus creaciones transmitieron un mensaje de optimismo y alegría. Explicó que no tenía una intención especial de "expansión hacia el este", pero que en esta región ha descubierto un mundo muy aficionado a la moda. "La gente tiene aquí unas enormes ganas de color, pues yo como representante del color... me tratan muy bien y soy muy agradecida", dijo la artista tras comprobar "una relación de inmensa simpatía entre rumanos y españoles" y también el gran parecido de los dos idiomas.
El desfile, de excelente coreografía y música, que se desarrolla sobre una pasarela construida según las indicaciones de la diseñadora, contiene sorpresas que producen efectos especiales, reflejados en las sonrisas de la asistencia. Flores, lunares, corazones y trazos de pintadas a mano adornan las prendas de varios colores flotantes o de volúmenes sorprendentes, y constituyen otros tantos elementos lúdicos que dejan riendas sueltas a la fantasía. A todo ello se añaden los accesorios, que parecen salidos de una fiesta de niños. Las modelos tienen el aire de estar disfrazadas de duendes, mariposas o aves exótica.
Así, tras el cristal de unas gafas "supercómic" y con tocados de flores y antenas de insecto en el pelo, las modelos se transforman en heroínas atemporales. "Nunca he visto tanto color, ni una mancha de negro en una colección, y tanta fantasía en los detalles", declaró a Efe Adelina Manescu, tras asistir al desfile. "La moda refleja el estado psíquico de la gente. Estoy contenta de ver una colección alegre, en un período no muy esperanzador", dijo también Sabina Deaconu, una rumana que vive en Toulouse.