Hasta el 1 de mayo era sólo un niño travieso, a partir de ese momento su fechoría está calificada como delito y, si no fuera por su corta edad, ya se habría enfrentado en varias ocasiones a la Justicia e, incluso, habría podido pasar algunos días en un centro de reforma.
Un adolescente de 13 años, y que por tanto no puede ser imputado por un delito, ha sido descubierto ya en tres ocasiones circulando libremente con su ciclomotor por las calles de la capital. No sólo no tiene carné, sino tampoco edad para obtenerlo. Y lo que es peor, hasta ahora su peligrosa práctica ha quedado impune.
En estos casos los agentes ordenan el bloqueo del vehículo, llaman la atención al infractor y avisan a los padres. Pero el trámite reglamentario para unos hechos que están tipificados como delito no podrá cumplirse puesto que el chico tiene menos de 14 años y por tanto la ley lo considera inimputable.
Tanto la Fiscalía como la Policía Local reconocen que hay otros casos de menores a los que se ha descubierto en varias ocasiones circulando sin haber obtenido nunca el permiso, a pesar de que sólo han pasado seis meses desde que la norma entró en vigor.
Los controles policiales preventivos dan sus frutos, pero lo cierto es que muchos caen también por cometer otras faltas, como circular en moto sin casco o con otro joven de paquete que no lo lleva.
Una vez en manos de los juzgados, el castigo puede ir desde multas y trabajos en beneficio de la comunidad hasta un eventual ingreso en un centro de reforma para los casos más graves de conducción temeraria.
Aunque el primer caso es el más llamativo, no lo es menos el ocurrido el pasado mes de junio, cuando un chico de 15 años fue detenido dos veces con menos de una hora de diferencia por conducir un ciclomotor sin la licencia obligatoria.
El adolescente fue interceptado por una unidad de la Policía Local de Málaga mientras circulaba por las calles del distrito Cruz del Humilladero.
Los agentes comprobaron que el menor carecía de la licencia de conducción, por lo que fue detenido y trasladado a las dependencias del Grupo de Atestados, donde se instruyeron las diligencias del caso. Allí permaneció hasta que quedó en libertad. El menor se marchó acompañado de su madre.
Pero no se resignaba a renunciar a su moto y la misma patrulla de la Policía Local que lo había arrestado en una primera ocasión volvió a sorprenderlo cuando circulaba por el paseo de los Tilos, a la altura del puente de Juan Pablo II. Sin embargo, en este caso su atrevimiento llegó más lejos e intentó darse a la fuga, aunque sin éxito.