PERIODISTA
¿Es su libro más personal?
Sin duda. Después de escribir sobre mil batallas, el cuerpo me pedía hacer algo cercano, intimista, casi minimalista.
Hay bastantes páginas dedicadas a sus mascotas, a los paisajes, a la gastronomía, a minúsculas y deliciosas anécdotas.
Uno se cansa de los ruidos y de la épica. Quería atender a la voz interior. Los detalles pequeños, al final, son los que hacen grande la vida.
Dicen que es usted un solitario con coletazos de misántropo.
Solitario, sí; misántropo, no. La gente me interesa, siempre me ha interesado, aunque mejor de poquitos a poquitos. Lo que no soporto son las multitudes dando voces. A lo mejor es porque he oído demasiadas.
El periodismo de hoy
¿Qué ha cambiado en el periodismo?
Hay menos pasión y se pisa menos la calle. El periodismo hay que trabajarlo a pie de obra, eso es lo que le da viveza y verdad. Hay redacciones en la actualidad que parecen hospitales. Todo tan burocratizado, tan reglamentado, tan uniformado, sin un poco de humo que echarse a los pulmones.
En algo habremos mejorado
Sí, en la facilidad que tienen los reporteros a la hora de transmitir la información. La informática es una buena aliada. Antes era un quebradero de cabeza. Además de periodista tenías que ser electricista.
¿Es verdad que uno de los archiveros con los que usted trabajó catalogó a Walt Disney por la 'B' de 'Bonitos dibujos'?
Nos volvimos locos en el archivo. El día que murió Walt Disney, este señor estaba con gripe, en su casa. Empezamos a buscar por la 'D', luego por la 'W', luego por la 'H' de Hollywood. Nada. No aparecía. Mandamos al botones a su casa. El archivero, enfadado, le dijo a nuestro emisario: '¿Dónde va a estar, merluzo? Pues en la 'B' de 'Bonitos dibujos'. Y allí estaban.
El sitio más lógico.
Es que no era un archivero cualquiera. Era poeta. Ahora no hay tipos así.
En las numerosas guerras y conflictos que cubrió, ¿dónde pasó más miedo?
Lo del miedo es una sensación subjetiva. A lo mejor te encuentras en peligro de muerte y no eres consciente. Otras veces ocurre al revés. Miedo, más bien pánico, pasé en Vietnam y en Bangladesh.
Libro minimalista, sensaciones minimalistas. ¿Conoce la cocina de Ferrán Adrià?
No tengo el gusto, pero en gastronomía soy tradicional. La cocina mínima no me va. Aunque también le digo que si el famoso Bulli estuviera al lado de Brihuega, iría. No hay que cerrarse a nada.
Respetuoso
Habla muy bien de Nelson Mandela.
Me impresionó su humanidad. Un rostro, una mirada, una visión de las cosas que te reconcilian con el mundo.
No tanto de Oriana Fallaci.
La admiré como periodista, porque entrevista que quería, entrevista que conseguía. Y era muy buena entrevistadora. Como persona tenía muy mal genio. En ocasiones resultaba intratable.
¿Manu Leguineche cree en Dios?
No tengo fe religiosa, pero respeto a los creyentes. Siempre he procurado respetar los estilos de vida o de pensamiento que no coincidían con los míos.
Cita en el libro a sus maestros: Delibes, Baroja, Pla, Unamuno y un tal Yutang. ¿Quién es Yutang?
¿Ay, los aforismos de Yutang! Un sabio.
Con treinta años menos ¿dirigiría de nuevo Colpisa?
Cómo no. Fue un orgullo estar en esa agencia. Ha durado hasta hoy y ojalá dure muchos años más.









