A ello se une el hecho de que las aerolíneas repercutirán cualquier subida del petróleo en el coste del pasaje incrementando la tasa por combustible.
Tampoco los hoteleros están por la labor de acortar sus márgenes de negocio con los operadores. Aseguran que de hacerlo estarían abocados a situaciones más que complicadas y consideran que ya la rentabilidad de los negocios hoteleros ha bajado suficiente. Ante este panorama, está claro que cada vez será más complicado encontrar gangas que no encierren sorpresas. También el consumidor es cada día más exigente y más consciente de que nadie da duros a peseta.










