FASE DE CLASIFICACIÓN PARA EL MUNDIAL 2010
BÉLGICA 1
ESPAÑA 2
El triunfo quizá fue inmerecido pero trabajado, cimentado en la mentalidad de un equipo ganador, en acciones individuales soberbias y en el agotamiento de los locales en el tramo final. Tener a Villa es un lujo de tal calibre que el asturiano ya suma 23 goles con la selección y ha igualado al mítico Di Stéfano. Y disponer de Iniesta es contar con un futurible candidato al Balón de Oro si fuera más mediático. España no sabía lo que era jugar cuesta arriba desde que Grecia se adelantó en el último partido de la fase inicial de la Eurocopa. Contra los renacidos belgas las dificultades se presentaron desde el principio. Y se solventaron con éxito.
Vandereycken, el técnico local, respetaba tanto al campeón de Europa que traicionó sus ideas y se presentó en casa con tres centrales. Una declaración de su conservadurismo en toda regla. Pero fue inteligente, supo leer el partido y cambió enseguida. Cuando a los 11 minutos El 'Niño' sufrió el pinchazo en su músculo y se retiró (se perderá el partido del Calderón), decidió volver a la línea de cuatro atrás y adelantar a Simons para vigilar de cerca a Xavi.
La lesión fue el segundo serio contratiempo para España. El primero, mucho más grave, fue encajar un gol a los siete minutos. Despiste de Sergio Ramos, que permitió el centro desde su lado, error de los centrales y cabezazo sin oposición alguna del pequeño Sonck. Conocían Del Bosque y sus hombres que Bélgica era peligrosa en la estrategia y en las segundas jugadas, pero no hubo forma de evitarlo. Después de casi ocho partidos, Iker veía perforada su puerta.
Con el resultado adverso y sin el héroe de Bruselas hace tres años, Del Bosque prefirió tirar de Cesc y tratar de ganar el centro del campo que utilizar a Güiza.
España se enredaba en la maraña belga, entraban dudas en defensa y los locales, con una velocidad más, amenazaban al contragolpe. Llovía entonces de forma torrencial y el estado del césped peligraba. El público apretaba, las órdenes de Del Bosque no calaban en sus jugadores y España no se hallaba.
Como Butragueño
La tormenta amainó cerca del descanso. Apareció Iniesta y se hizo la luz. Recibió un pase soberbio de Cesc y se fabricó un gol antológico. Recordó al mejor Butragueño. Superó a dos defensores y tiró un amago extraordinario que tumbó al guardameta. Se la colocó hacia la derecha y la clavó como si tal cosa. Todo en un palmo de terreno, a velocidad de vértigo y sin apenas ángulo.
Una palabra: ¿Impresionante! Un intento de vaselina de Villa pudo dar la vuelta al choque ya antes del período reparador. Hubiera sido inmerecido.
En el arranque de la segunda mitad, más de lo mismo. Pertrechados atrás, los belgas salían rápido de la cueva y pegaban algunos latigazos terribles. Puyol, inmenso, y Casillas, con el pie, evitaron el segundo. Y el árbitro, a instancias del juez de línea, cortó por un fuera de juego muy protestado una internada de Witsel que acabaría en gol. España necesitaba más balón, Del Bosque lo vio claro y apostó por Xabi Alonso en lugar de Cazorla. Acierto pleno. Arreció la lluvia en el tramo final pero la selección no volvió a sufrir y acabó en el área enemiga. Tanto que Villa no perdonó.










