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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 8 febrero 2012

Campo de Gibraltar

ALGECIRAS

El consumo de esa droga eleva el riesgo de una enfermedad cardiaca El tabaco y el sedentarismo influyen también en la aparición temprana de un padecimiento coronario
28.09.08 -

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Los médicos detectan un aumento de los infartos por cocaína en menores de 40 años
HÁBITO PELIGROSO. El consumo de cocaína eleva considerablemente el riesgo de padecer un infarto agudo de miocardio. / SUR
El infarto de miocardio se presenta cuando menos se espera. Aunque a medida que se cumplen años crecen las probabilidades de sufrir un ataque al corazón, los cardiólogos alertan de que hay un aumento de infartos en personas de cuarenta años o incluso más jóvenes. El consumo de cocaína, tener una predisposición genética, el estrés y llevar un estilo de vida poco saludable son causas que adelantan la aparición de un fallo cardiaco de ese tipo, explicó a este periódico el jefe del servicio de cardiología del Hospital Clínico Universitario y presidente de la Fundación Española del Corazón, Eduardo de Teresa.

Los adictos a la cocaína se enfrentan a una mayor probabilidad de padecer un infarto agudo de miocardio. Y es que esta droga favorece la formación de aneurismas de las arterias coronarias, hecho que, a su vez, es un factor que contribuye al desarrollo del infarto. Está demostrado el grave peligro de la cocaína para la salud del corazón, manifestó el doctor De Teresa.

Personas que tienen un relativo bajo riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular multiplican hasta por 24 veces el peligro de padecer un problema cardiaco en la hora posterior al consumo de la droga, en dosis de 200 a 2.000 miligramos, independientemente de cuál se la vía por la que toman el estupefaciente. Además, el abuso de cocaína por tiempo prolongado produce hipertrofia del ventrículo izquierdo y una disfunción sistólica.

Malos hábitos de vida

El otro gran factor que aumenta los infartos en gente relativamente joven está relacionado con los malos estilos de vida. El tabaco, tomar comidas con un exceso de grasas y el sedentarismo guardan una estrecha vinculación con la diabetes, el colesterol alto y la hipertensión que, a su vez, perjudican al corazón y desencadenan patologías cardiacas graves. «Cuando alguien está sano no hace caso de las recomendaciones que le damos los médicos. Si cambiasen los estilos de vida, se podrían evitar muchas enfermedades coronarias», indicó el jefe del servicio de cardiología del Clínico Universitario.

De Teresa, que asistió esta semana en Madrid a la presentación de un informe sobre la situación cardiovascular en España con motivo de celebrarse el domingo el Día Mundial del Corazón, explicó que el lema elegido este año es 'Conoce tu riesgo cardiovascular'. A ese respecto, señaló que a veces es peor tener mínimamente alterados los índices de la diabetes, el colesterol y la hipertensión que presentar muy alto uno solo de esos parámetros. «La suma de muchas pequeñas cosas es muy peligrosa para el corazón», aseguró.

Anualmente, se registran en la vecina provincia de Málaga algo más de dos mil infartos de miocardio. Esta patología afecta más a los hombres, aunque, debido a que las mujeres fuman cada vez más y que su estilo de vida es similar al de los varones, las cifras se igualarán pronto.

Muertes e ingresos

El 30 por ciento de los pacientes que sufren un infarto mueren antes de llegar a un hospital, lo que en una ciudad como Málaga supone unos 600 fallecimientos al año. La mortalidad de los enfermos ingresados en una unidad coronaria, en general, es inferior al 10 por ciento, pero se eleva al 20 por ciento en los casos de personas edad avanzada o que tienen, además, otras patologías. En el Clínico ingresan anualmente unos 1.800 pacientes con problemas cardiacos y se hacen más de 2.000 cateterismos. Este hospital dispondrá a finales de año de una segunda sala de hemodinámica. Las obras ya están terminadas y sólo falta el equipamiento, precisó De Teresa. Añadió que cuando esa sala funcione, se pondrá en marcha el programa de angioplastia primaria, que consiste en introducir un catéter a pacientes infartados para quitarles un coágulo de sangre que ha obstruido una arteria.

«Hay que reconocer que la administración nos está dotando de los medios que necesitamos para dar una mejor asistencia a los enfermos cardiacos», apostilló el doctor De Teresa.
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