ANIVERSARIO

Quizás, Pablo -que se llamaba Ricardo Eliécer Nefatalí y cambió su nombre en honor del escritor y político checo Jan Neruda, autor de los 'Cuentos de Malá Strana', un volumen excelente que contiene las pequeñas historias de los burgueses de su barrio- nunca fue plenamente consciente de que, como ha afirmado el crítico Alastair Reid, es el poeta más leído después de Shakespeare. No sé de dónde procede esta estadística pero es verosímil porque Neruda es de esos poetas que las generaciones aceptan y sus versos se repiten en la línea del tiempo dialogando con cada edad; en este sentido, siguiendo a Cernuda, el chileno es clásico que es a lo más que un artista puede aspirar, a que su palabra permanezca en el futuro.
La vida del poeta fue azarosa, sobre todo desde su nombramiento para diferentes puestos consulares en Medio Oriente; en 1933, llega con el mismo puesto a Buenos Aires y allí conoce a Federico García Lorca; al año siguiente se traslada a España y se introduce de lleno en la intensa vida literaria española; los poetas del 27 le hacen un homenaje y publica en las revistas poéticas de la época; el siempre generoso Manuel Altolaguirre le ofrece dirigir 'Caballo verde para la poesía'. En 1936 empieza la Guerra Civil y es asesinado García Lorca, su muerte afectará mucho a Neruda, que inicia los poemas de su libro 'España en el corazón'.
El poeta chileno siempre reconoció su amor por España y lo trascendental que fue la Guerra para su vida y para su obra. Su compromiso político se hace más intenso y se justifica precisamente por la sangre derramada en la contienda, por la barbarie y por las víctimas inocentes; por otra parte, en el terreno que podría llamar práctico, desarrolló una importante labor de propaganda a favor del Frente Popular y organizó la marcha de españoles para librarlos de la represión de los vencedores. Fue cónsul para la emigración española en París en 1939 y fletó el barco 'Winnipeg' para llevar refugiados a Chile.
El compromiso político le lleva a presentarse y es elegido senador en 1945, ese mismo año ingresa en el Partido Comunista Chileno; ese mismo año recibe el Premio Nobel Gabriela Mistral, que le había animado a leer novela realista en su adolescencia. En la candidatura de Gabriel González Videla va como Jefe Nacional de Propaganda; más tarde, este romperá con sus aliados comunistas y llegará a prohibir el partido. Neruda lo ataca en la prensa y en el parlamento, se ordena su busca y captura y debe escapar, permanece en la clandestinidad, en ella sigue escribiendo 'Canto General', su obra más ambiciosa, y es miembro activo de oposición al presidente González.
No trato de hacer una biografía porque para eso se va el lector avisado a la Red y encuentra todo lo que quiera sobre la peripecia del poeta, pero es necesario señalar que el año 1971 es muy importante para Neruda. En Chile gobierna Allende, con su apoyo, es nombrado embajador en París, sueño para todo escritor hispanoamericano desde la independencia, y se le concede el Premio Nobel. Una vida plena en la que cansó miles de kilómetros y en la que escribió miles de versos.
En 1945, Ramón Gómez de la Serna lo definió como el poeta «portador de la verdad poética» y también como «poeta mago», ambos calificativos coinciden en el secreto. El mago posee conocimientos vedados a la inmensa mayoría y el poeta verdadero y mágico es capaz de llevar ese conocimiento a los demás; por su parte, Juan Ramón lo definió como un «gran mal poeta», lo que provocó las iras contra el de Moguer y es que el vitriolo de Juan Ramón es proverbial. Afirmar que Neruda es un gran poeta es una perogrullada, afirmar que su poesía política es la menos interesante me parece razonable; por el contrario, la de las pequeñas cosas, la del sentimiento más íntimo, la de la soledad y del amor, la de la tristeza de su rostro, esa «cara de cárcel» como la definió, la más apegada a lo universal que encierra lo inmediato es la que sigue con toda la fuerza de los cuatro elementos originarios.







