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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Málaga

MÁLAGA

Todo ocurrió en cuestión de segundos, pero Raúl Zumaquero, conductor de Limasa, tuvo los reflejos suficientes para cruzar el camión en la calzada para atrapar al conductor que el sábado arrolló a una decena de personas en la calle Larios
01.09.08 -

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Raúl Zumaquero se ha convertido sin quererlo en un héroe urbano. Este conductor de Limasa estaba de servicio el sábado al mediodía cuando un conductor perturbado irrumpió en la calle Larios y la plaza de la Constitución a gran velocidad y arrolló a una decena de viandantes que hacían sus compras tranquilamente en la principal vía de la ciudad. A su paso, dejó ocho heridos que tuvieron que ser hospitalizados. Todos ellos, salvo dos mujeres de 42 y 62 años que ingresaron en el Hospital Carlos Haya y continúan graves, fueron dados de alta durante el día de ayer.

La casualidad quiso que Raúl y sus dos compañeros parasen en el semáforo de la plaza de la Marina en dirección a la avenida de la Andalucía en el momento del incidente, aunque ellos no se percataron de lo que ocurría hasta que reiniciaron la marcha. «Fue todo muy rápido, en apenas unos segundos», recuerda Raúl.

En un momento, su compañera, que estaba sentada en la cabina del camión en el asiento del copiloto, comenzó a gritar: «¿Corre, que viene contra nosotros, corre!». Gritaba con verdadero pánico, según Raúl, así que éste miró por la ventana hacia donde señalaba su compañera y vio a un coche que se dirigía desde la plaza de la Constitución «a gran velocidad y dando tumbos hacia los lados» en dirección a donde se encontraban ellos, justo en la entrada de la calle Larios, frente a la rotonda del marqués.

Apenas le dio tiempo de reaccionar. «En ese momento pensé que no era real y que estaban rodando una película en la calle Larios», indica. «Lo único que pude hacer es avanzar un metro más hacia delante, porque había más coches y no podíamos quitar el camión», afirma. Raúl explica que en ese instante ni siquiera sintió miedo, porque fue todo muy rápido.

«Doy gracias a Dios, porque pensé que se nos echaba encima; no sé por qué paró, imagino que al ver un camión pensó que si se estrellaba, él saldría peor, y se detuvo para intentar pasar por el hueco que quedaba detrás», indica.

Todavía no sabía qué había ocurrido pero, instintivamente, Raúl giró el volante hacia la izquierda y aprovechó un hueco en el tráfico para cortar la vía utilizando el propio camión como obstáculo. «Me han dicho que gracias a nosotros pudieron atraparlo, pero no somos héroes, creo que cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo; más bien fue producto de la casualidad», señala Raúl.

Raúl y sus compañeros bajaron del camión y fue entonces cuando se enteraron de lo que había ocurrido por lo que decía el medio centenar de personas que empezó a rodear el vehículo para recriminar al conductor. «Había decenas de personas que golpeaban el vehículo. Creo que alguien, incluso, llegó a golpear al conductor en la cara, porque luego le vi y parecía tener la nariz rota», explica.

«La gente estaba enfurecida, como loca. Lo habrían linchado allí mismo si no hubiese aparecido el policía de paisano, que tuvo un temple increíble, sacó su placa y les dijo a todos que se apartasen; le ayudó uno de los camareros de Lepanto», añade.

Sobre el conductor, Raúl subraya que lo único que vio fue a un hombre de mediana edad, alto y fuerte pero de aspecto descuidado, con una camisa de cuadros medio abierta y entradas pronunciadas en el cabello. «Estaba completamente en silencio, mirando al frente y sin hacer caso de la gente que le insultaba y golpeaba el vehículo alrededor», indica.

Mucho temple

Cuando los dos empleados de Limasa vieron que la situación estaba controlada, volvieron al camión y lo retiraron de la vía. No vieron cómo detenían al conductor. Sin embargo, de esta experiencia destaca la disposición de la gente por ayudar. «Fuimos a ver si podíamos echar una mano a los heridos, y ya había un montón de gente ayudando mientras que llegaban las ambulancias, que tardaron un buen rato», dice. «Creo que en estos momentos la gente es capaz de sacar lo mejor de sí para darlo todo por los demás», afirma.

Puede que ese sea también su caso, porque, a pesar de la incertidumbre, mantuvo la cabeza fría para detener el paso de este 'kamikaze' que sembró el pánico en pleno Centro. Ahora Raúl tiene una anécdota más que añadir a su larga lista porque, además de héroe casual, también fue tenor en el Coro de la Ópera del Teatro Cervantes.
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