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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Málaga

21.08.08 -

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Málaga siempre ha sido una provincia de costa, pero su agencia de viajes fue la primera que se atrevió a mirar hacia el interior. ¿Cómo surgió la idea de fomentar el turismo rural?

Rural Andalus nació hace quince años con una idea novedosa para fomentar el turismo de interior como un plus en la oferta de la provincia. Junto a mis dos socias, Isabel Heras y Nuria García, decidimos lanzarnos a la aventura de los pueblos.

¿Cómo empezasteis este proyecto?

Nosotras éramos amigas desde el instituto. Estudiamos juntas en Santa Rosa de Lima. En la universidad cada una eligió una carrera distinta. Aunque al final resultaron ser complementarias. Nuria estudió Económicas; Isa, Turismo; y yo me decanté por Derecho. Al terminar la carrera sabíamos que queríamos hacer algo juntas y teníamos muchas inquietudes, a pesar de que éramos un poco pavas (risas).

¿Por qué el turismo rural?

Recorrer los pueblos de la provincia era nuestra gran pasión. Cada fin de semana cogíamos nuestras mochilas y nos lanzábamos a descubrir los encantos de la provincia. Disfrutábamos de cada fiesta y de cada feria. Nuestro calendario lo marcaban los días grandes de los pueblos. Y pensamos que la gente se lo perdía porque, si no te quedabas en la casa de familiares, no había ningún sitio donde alojarse allí. Con una marca turística como la de la Costa del Sol, pensamos que ya era hora de fomentar el interior de una provincia que es la que tiene más parques naturales.

Tres amigas y un negocio a medias ¿se ha resentido la amistad?

Nunca. Gracias a Dios hemos sabido resolver los baches, que también los ha habido, y mantener intacta nuestra amistad. Cuando empezamos sólo teníamos 25 años. Ahora cada una tiene su familia, pero hemos cumplido nuestro sueño de trabajar en un mismo proyecto.

¿Empresarias desde jóvenes! ¿Qué dijeron vuestros padres cuando les presentasteis vuestra idea?

En algunos sitios todavía siguen llamándonos las niñas de Rural Andalus. Mi madre me decía que estábamos locas. Además, al principio pasábamos todo el día de un lado a otro, porque antes de crear la empresa estuvimos un año entero recorriendo la provincia en busca de establecimientos para poder ofertar en nuestro catálogo.

Al principio, eso de turismo rural sonaría a chino en el campo

Sí. El primer año íbamos a los pueblos y preguntábamos a los vecinos o a los ayuntamientos si conocían a alguien con alguna casa vacía que quisiese convertir en un establecimiento turístico rural y nos miraban extrañados. El turismo rural sólo se conocía en el norte de España y en Andalucía lo más parecido era la Alpujarra. Pero tampoco era la idea que teníamos, porque en la Alpujarra lo que había era una red de teléfonos que conocían en el pueblo para alojar a turistas. Y los hoteles de los pueblos no tenían nada que ver con los establecimientos con encanto que buscábamos.

¿Con cuántas casas rurales empezó Rural Andalus?

Con 17. Ahora tenemos en catálogo más de 700.

¿Qué novedades ofrecía?

Viendo las casas rurales que se alquilaban con anterioridad, pensamos que el cliente no tenía ninguna garantía. Iba a la aventura porque en aquel entonces ni siquiera podían verse las fotos por Internet. Y una vez en la casa, tenía pocas posibilidades de reclamar. Nosotros ofrecíamos establecimientos de calidad y garantías.

Tanto visitar pueblos, dará para alguna anécdota.

Recuerdo una vez que fuimos a una casa en Almería. Era ya tarde, porque habíamos estado visitando otros establecimientos. Cuando llegamos, el dueño cerró la puerta y dijo: «Nadie sabe que estáis aquí». Tal y como lo dijo, mi compañera y yo salimos pitando de allí. Otra vez fuimos a ver una casa con un coche pequeño y nos confundimos de carril. Nos metimos en un camino lleno de piedras y yo sólo veía que aquella hierba no la pisaba un coche hacía mucho. Cuando quisimos dar la vuelta, el coche no tiraba. Estábamos sin cobertura porque eran los primeros teléfonos móviles. Al final, fuimos andando a la carretera y vino a ayudarnos el alcalde del pueblo. Otra anécdota graciosa fue cuando fuimos a conocer la Sierra de las Nieves. Nos acompañó un cagarriero de la zona que buscaba setas típicas de la sierra y que nos llevó asfixiadas todo el camino. Eso sí, anduvimos toda la sierra, pero sin levantar la vista del suelo.

¿Ha cambiado mucho el turismo rural?

Todo el mundo sabe lo que es. Cuando empezábamos teníamos que buscar casas debajo de las piedras y ahora te llegan decenas de solicitudes al día para entrar en el catálogo. Antes el turismo rural era más rústico. Ibas a una casa en Almayate y el propietario te acompañaba y te mostraba los sitios más típicos. Ahora está más institucionalizado y se ha convertido en un negocio para muchos habitantes.

Eso es algo bueno

Sí, porque ahora los habitantes del interior están orgullosos de sus pueblos. Antes, prosperar era sinónimo de irse a la capital, y ahora se plantean que realmente tienen un tesoro, porque gente de fuera gasta su tiempo y su dinero en disfrutar unos días en su pueblo. Pero por otro lado ha perdido el encanto de cuando empezamos.

¿Qué fue lo más difícil en los inicios?

Convencer a los propietarios de que las casas rurales debían guardar una estética y una calidad adecuadas. Y para eso hay que invertir. Hemos llegado a ver graneros inmundos, servicios separados por una cortina de baño en lugar de paredes y propietarios convencidos de que era el lugar ideal para los turistas. Y en la mayoría, de agua caliente ya ni hablemos.

¿Es usted de pueblo?

No. Yo nací en Málaga, aunque ahora sí que he caído en los encantos del campo y vivo desde hace poco en Alfarnate, el pueblo de mi madre. Voy y vengo todos los días y, pese a que tardo 45 minutos en llegar, me merece la pena.

¿Se vive mejor?

La calidad de servicios está en la capital, pero la calidad de vida está en los pueblos. Hace más frío en invierno, sí, pero el aire es más puro. Sólo por eso, prefiero criar allí a ni hijo pequeño.

¿Qué le dice la palabra cateto?

No me gusta nada. Me da muchísimo coraje cuando viene algún cliente y dice «Uf, eso estará lleno de catetos». Siempre tiene un tono despectivo. Y te diré una cosa, he encontrado más catetos en la ciudad que en los pueblos.
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