LA GRANIZADA

Siempre hay algún sustillo, pero no grandes percances. Nunca he visto nada, esa es la verdad. Lo más importante es tener precaución y no confiarte. Siempre he dicho que hasta a los patos hay que guardarles cierta distancia. Los animales son animales y el instinto lo tienen.
De todos ¿cuál es el más traicionero?
Los felinos. Son los más complicados, sobre todo los tigres. No conocen a nadie. Cuando se duermen los tigres o los leones y hay que entrar en su espacio, hay que controlarlos bien primero. Para saber si están bien dormidos hay que coger un palito y darle entre los dedos, porque es donde tienen más sensibilidad. Si cuando les tocas ahí no se mueven, puedes entrar tranquilo.
Están fritos.
Sí. También les puedes tocar en la oreja. Si se mueve algo, ¿quieto!
Entonces, lo de los circos, ¿cómo se entiende?
No tienen garras, no tienen colmillos, no tienen nada. Están atemorizados, porque les pegan. No tienen defensas. Tú puedes ser muy valiente pero, si vienen cinco tíos, ¿qué haces? Ellos igual. Que se metan con un tigre de estos nuestros y que le saquen un látigo, a ver qué pasa.
Y los elefantes ¿conocen?
Los elefantes sí. Ellos conocen la voz. Les hablas y saben lo que les dices.
¿Está seguro?
Sí, sí. Respetan tu voz. Saben, entienden mucho. Siempre hay que tener cuidado, porque son animales salvajes, y ahora más, que Samy (una elefanta asiática) tiene a su cría. Ella la protege a tope.
Presénteme a la familia.
Pues está Samy, que es la madre del chico, y luego Ghana, que es el padre. También está Chiqui, que ya estaba aquí y que se ha ido acoplando. Nosotros decimos que es la tía del pequeño. Es una elefanta muy buena y creo que va a querer mucho al chico.
¿Y entre Ghana y Chiqui no hay 'feeling'?
No, no puede ser. Chiqui es ya una elefanta relativamente mayor, que nunca ha estado con machos y ya no, no puede ser.
¿No son todos los elefantes iguales?
No, especialmente los machos. Los machos son diferentes a las hembras.
Los machos dan la nota.
El macho siempre es más agresivo, tiene iniciativa, hay que tener cuidado con él, porque va mirando por dónde va, y lo graba todo. Lo controla todo. Si en alguna ocasión hay algo nuevo, lo va a detectar. Detecta candados nuevos, cerrojos e intenta cogerlos. Mira y tira.
Es decir, que lo de la memoria de elefante es cierto.
Claro. Sí, seguro. Ellos se acuerdan de todo. Como des a un elefante un castigo mal dado, la guarda y antes o después te la va a cobrar. Si hace algo malo y le riñes, sabe que ha hecho mal pero, como vea que no es justo, memoria de elefante, y la guarda. Lo saben todo. El macho pasa y va mirando. Son muy listos y se acuerdan de todo. En el momento en el que les toca comer, te dicen que les abras que van para afuera.
¿Y cómo dice un elefante eso?
Dan toquecitos en la puerta.
Cuando estábamos con Samy, la hemos escuchado hacer un ruido...
Claro.
¿Qué pasaba?
Que ha salido fuera y no ha visto a Chiqui. «¿La Chiqui dónde está?, que no la veo».
¿Una llamada?
Exactamente. «¿Dónde está que no la veo?». Cuando Chiqui ha salido se ha callado, se ha tranquilizado.
Vamos, que usted los entiende.
Llevo mucho tiempo con ellos. Los entiendo, claro. Cuando un animal es agresivo, lo detectas rápidamente. Te metes en una pradera y, cuando un animal lleva mala intención, lo detectas. Si ves a un animal con una cría, se levanta y te mira, te dices: no, por ahí no. Cuando Samy se ha puesto nerviosa, ha levantado la cola hacia arriba. Es un signo de que está inquieta. Le faltaba Chiqui.
Con un elefante, ¿qué es lo que nunca habría que hacer?
Hombre, entrar directamente con él. Nosotros todo esto lo hacemos a través de rejas y de ventanas. Nunca entramos directamente. Si entras, se puede asustar.
Y hablamos de mamíferos de cinco toneladas.
Claro. Cualquier movimiento...
Explíqueme, ¿que es el must?
Un celo del macho a lo bestia. A través de unas glándulas le sale una especie de líquido por el que lo detectamos. Hay que tener más cuidado, sobre todo con las hembras, porque se comporta agresivo con ellas. Intenta hasta pegarlas. Hay que separarlos.
Un apareamiento de elefantes asiáticos en cautiverio no es fácil y menos el nacimiento de una cría, ¿cómo lo han conseguido?
Es muy complicado. Aquí están en cautividad, y hay que llevarles un control estricto. A la hembra le hemos estado dando calcio, vitaminas.... Son 22 meses de embarazo.
Día 19 de julio, a las dos de la tarde. Nace en Selwo un elefante asiático. ¿Cómo lo recuerda?
Fue una cosa rápida. Casi ni nos enteramos. Empezó a moverse y soltó a la cría. Fue un momento, y en un momento se puso el chico de pie.
Cuando habla del bebé elefante se le pone a usted un poco cara de padre.
Hombre claro. En todos los años en esto, nunca había visto nacer a un elefante. Para mí ha sido toda una experiencia. Me impresionó. Tan chiquitillo... No te cansas de mirarlo. Cada día hace una cosa nueva. Es como un niño. Ves que hace lo mismo que los padres: restriega los pies por el suelo, coge alfalfa como si fuera a comer aunque todavía no come, cruza las patas como los padres... Hace cosas que... ¿Es que es muy bonito!
Vamos, que usted le ve listo.
Sí, es listo. Se le ven cosas ya de macho. El chico controla a la madre y la madre al chico. Ella se mueve, él se mueve. Ella se para, él se para. La madre no se separa de él. Es curioso, a lo mejor va caminando, él se mete debajo de las patas y ella jamás lo pisa, aunque no lo ve. A lo mejor se queda con una pata en el aire, pero no le pisa. Cuando entran a la cuadra y el chico se tumba, la madre lo tapa con paja, pero no le pisa. Sabe hasta dónde tiene que llegar. Se le ve la trompilla, pero no le pisa, no. Cuando no la ve se pone nervioso. Abre las orejas, como si quisiera preguntar dónde está.
Y después de verle nacer y crecer, ¿no terminará metiéndose en la cuadra con él?
No, nunca. Nunca lo haría. Puedes tener un cariño muy grande, pero hay que guardar las distancias.











