LA GRANIZADA

El Obispado de Málaga no tenía pastoral para este área, no sé por qué. Hace diez años me llamaron un buen día de la Conferencia Episcopal y me nombraron directamente.
¿Y lo aceptó así, sin preguntar?
Sí. Además me atrajo la idea. A mí siempre me ha gustado el teatro y la farándula. Y supongo que arriba ya conocían como era yo, me localizaron y me nombraron. Es una labor muy bonita.
Y en qué consiste esa labor.
Principalmente, es la de acogida a esas gentes que van de un lado para otro. Yo no me siento defraudado por esto. La gente hoy está muy descristianizada y demanda pocas cosas, me refiero a cosas de culto, pero agradecen mucho la presencia humana. Si hay un bautismo, una boda, un funeral, pues lo hago. Hemos hecho con los feriantes una misa para dar la bienvenida a la Feria de Málaga antes de que se produjera la inauguración oficial. Yo disfruto mucho pensando que la feria no la inauguran las autoridades, ni el alcalde por la noche, sino Jesucristo por la mañana. Él llega antes que Paco de la Torre. Es una misa rociera, muy alegre para la gente que nos trae la fiesta, porque Jesús llevaba la alegría.
¿No se molestará el alcalde?
No, le encantará que lo diga porque Paco de la Torre es muy cristiano.
Me imagino que más de uno le habrá colgado el apodo del 'cura payaso'...
Ya tenemos. En Madrid, el que ahora es el delegado nacional, le llamamos payaso 'Topito', porque él creó ese personaje delicioso. Este cura se viste de payaso y saca su maleta de fantasía y se enamora de la luna. Una cosa muy bonita. Yo no me he vestido de payaso, pero me llamaban el cuentacuentos porque contaba cuentos a los niños de los feriantes que me inventaba sobre la marcha.
Jesucristo contaba otros cuentos: las parábolas.
Sí, eran cuentos y también contaba chistes. Jesús tenía ironías que la gente reía a carcajadas.
Entonces, perdóneme por simplificar, pero también podría ser Jesús ahora un gran mago porque caminó por las aguas y multiplicó los panes y los peces.
Es que no fue así. Eso es una forma que tuvieron sus discípulos de contar momentos muy significativos. Eran signos más que milagros. El de la multiplicación de los panes resulta un milagro más grande que sacar de la chistera los panes porque Jesús hizo que se abrieran los zurrones y se compartiera. En aquella época todo el mundo salía con sus zurrones vacíos porque no había ni cafeterías, ni bares ni gasolineras y nadie salía sin un pedazo de pan y dos pescados secos y salados. Jesús tocó el corazón e hizo que se abrieran los zurrones y que hubiera para todos. Hubo magos baratos engañando, pero él no engañó. Él curó a enfermos, pero decía que la que los había curado era la fe que tenían esos enfermos.
Ramón de la Serna afirma que el paraíso de la tierra está en el circo ¿lo comparte?
Claro que sí. El circo es una fantasía y un mundo bonito. Con las gentes del circo yo hago un intercambio. Les sirvo, pero les pido en contrapartida que me reciban a la gente con sida que está en la residencia de Colichet, en Churriana. Todos los años los llevo al circo. Algunos nunca lo han visto en su vida, ni de niños. Si vieras las caras de esa gente...
Dígame, ¿un carricoche puede servir de confesionario?
Si yo te contara dónde he confesado... Hasta en jaulas y entre elefantes, también en camerinos, en la pista... La gente empieza a hablar allí mismo, a contarme, y allí mismo les doy la absolución. Una vez tomé un taxi en Madrid y le dije al taxista que me llevara a una parroquia por el barrio de Entrevías. Durante el trayecto le dije que era cura y él me contó que no se había confesado desde la primera comunión. Así que le dije que a mí qué me contaba y le pregunté si es que le apetecía hacerlo en ese momento y dijo que sí. Así que le pregunté: «¿Tú eres pecador?». Y me dijo que sí. Entonces le contesté: «Pues ya te has confesado». Y él se extrañó y entonces le dije que si quería le hacía el signo. Me contestó que sí, y se lo hice. Al llegar a mi destino, no me quería cobrar. Yo le dije: «Mire usted, no. Un cosa es la maravilla que ha ocurrido y otra es su trabajo». Entonces el taxista me dijo que el que había trabajado era yo (risas).
Me imagino que las misas bajo la carpa del circo deben ser un auténtico espectáculo.
Sí, me acuerdo una vez que estábamos con el circo en Madrid y nos dieron la noticia del fallecimiento del payaso Fofó, e hicimos allí mismo la misa. En realidad, las misas siempre que las saques de un templo son mucho más parecidas a la cena que hizo Jesús. Quizás los sitios más inadecuados son los templos.
¿Sí?
Sí. Claro que si esto sale..., bueno pero no me importa. Jesús sigue siendo una bomba y yo no tengo la culpa.
¿Y cómo es un bautizo en un circo?
Pues muy bonito. Se visten todos con sus trajes, como si fuera una función, hasta los acomodadores.Yo he bautizado a tres generaciones de trapecistas. Después del bautizo, para que tengan la bendición de Dios y sigan la saga familiar, hacen su número. Así que el padre trapecista baja, se pone cabeza abajo con la niña colgando y sube. Con el redoble del tambor se suelta los pies y se queda sólo con los talones cogido al trapecio y sujetando a la pequeña. A un niño, hijo de domadores de elefantes, lo subieron al animal nada más bautizarlo. Yo tenía tan cerca al elefante que sentía su trompa en mi espalda.
¿Los trapecistas están más cerca de Dios?
Pues fíjate, he observado que el que se juega la vida a diario, sí, porque tienen un sentido de tránsito y de trascendencia. Y los trapecistas, por supuesto que sí. Quizá cuando trabajan, y ya no se ponen los enganches del ensayo, se enganchan a Dios.
¿La vida es una tómbola?
No, la vida te la curras. Todos venimos con dones, pero hay que trabajarlos. Yo me siento una persona con mucha suerte; por ejemplo, soy muy optimista, pero pienso que no tengo mérito porque eso ya viene en los genes. En la vida, como los buenos y los malos, a todos nos toca un papel. Ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos.
Fundó una compañía de teatro que también dirige. ¿De no haber sido cura le hubiera gustado ser actor?
La compañía se llama 'Carromato' y hacemos funciones a beneficio de distintas ONG. Llevo diez años en ello. Todo el mundo, unas treinta personas, trabaja gratis. Además hacemos unos decorados sencillos, con cosas recicladas. De joven, ya trabajé de actor en el Teatro Universitario de Madrid, aunque el Derecho Canónico lo prohibía, y me la jugué. Un cura titiritero estaba mal visto por la Iglesia porque los titiriteros eran gente de mal vivir.
¿Y le hubiera gustado interpretar 'Jesucristo Superstar'?
Muchísimo. Claro que me hubiera dado mucho miedo ese papel, más que el 'Tartufo', que también lo hice. Pero es fascinante.










