LA GRANIZADA

Todavía no me había planteado que era el más joven de la diócesis.
Habrá gente que le llame padre y en realidad usted podría ser su hijo.
Sí. Todavía me suena un poco raro eso de que me digan padre. Yo les digo que no me llamen así porque podría ser su hijo, y ellos me responden que es por respeto, pero les insisto en que no pasa nada. El respeto es el mismo aunque no me llamen padre.
¿Es verdad que Dios llama?
Es verdad. Y, además, de una forma que no se lo espera uno. Si fuese por mis propios planes, probablemente no sería sacerdote. Yo he respondido que sí a una llamada que he sentido de Dios. Mis planes eran ser profesor de Filosofía, sacar unas oposiciones y tener mi familia. Pero un día se pone uno delante de Dios y se plantea cómo puede ser más feliz y ayudar a ser felices a los demás. Entonces, descubres que el Señor te llama para un camino distinto al que tienes pensado.
¿Cuándo sintió esa llamada?
No es un momento concreto. Hay varios momentos a lo largo de la vida. Me pasó cuando tuve que escoger entre empezar la carrera o ir al Seminario. Y luego, mis años de oración, de seguir colaborando en una parroquia, me sirvieron para descubrir que el Señor me pedía algo distinto. Así, en el último año de la carrera, me lo planteé seriamente.
Entonces, terminó Filosofía e ingresó en el Seminario. Le ha cundido.
Pues sí. Son dos carreras, cinco años de Filosofía y siete de Seminario.
¿Qué dijo su familia cuando les comentó que quería ser cura?
A mi padre no se lo planteé directamente, sino que le dije que me iba al Seminario para estudiar Teología. Pero hubo un momento en que se lo olía y un día me lo preguntó. En principio no se lo tomó bien y me dijo que había tirado por la borda los años de la carrera, pero hoy lo acepta y lo vive bien. No es que sea una persona de ir a misa diaria, pero lo asume.
¿Y su madre?
Mi madre falleció. Si hubiese vivido, creo que lo habría aceptado muy bien. Ella siempre fue una persona religiosa, y siempre nos educó en la fe a mi hermano y a mí.
¿Se ha sentido alguna vez un bicho raro?
La verdad es que no. Me he sentido más bicho raro en la carrera de Filosofía, pero bien.
¿Qué le dicen sus amigos ahora que ya es sacerdote?
Están contentos, lo aceptan, me apoyan y me dan ánimos. Tengo amigos que son creyentes y otros que no, y los que no lo son me dicen en broma que les confiese.
¿Y usted que les responde?
Que cuando quieran.
¿En la Iglesia católica también hay crisis?
¿Económica?
Bueno de todo un poco. De vocaciones, por ejemplo.
En todos los tiempos de la Iglesia se han vivido crisis. Quizás, en estos momentos, parece que la crisis llega también a la Iglesia, pero no creo que sea una gran crisis. Nuestro obispo dice que no hay tanta crisis de vocaciones como de 'vocantes', es decir, de personas que le planteen a los jóvenes la posibilidad de ser sacerdotes o misioneros.
¿Cómo puede afrontarse? Ahora se pone en duda a la Iglesia.
Siendo fieles a la vocación a la que hemos sido llamados. Tenemos fallos, como cualquier persona humana, pero se vive desde la fe. Es la única forma de salir de ese 'entredicho' en que nos pone la sociedad. De todo modos, hay mucha gente que critica a la Iglesia y que, sin embargo, alaba al cura de su barrio y dice que es muy buena persona. A nivel institucional parece que la Iglesia tiene peor nombre, o que se lleva hablar mal de ella, por moda.
¿Se considera un cura 'ye-ye'?
(Risas). No, hombre. Soy normal. Quizás un poco más bohemio por haber estudiado filosofía. Los chavales del seminario menor que dicen que soy un sofista, porque argumento mucho las cosas cuando las explico. Vamos, que tengo mucha labia, pero no soy un demagogo.
¿Con quién conecta mejor: jóvenes o mayores?
Estoy obligado a conectar con los dos y con ambos me conecto bien. Lógicamente, con los mayores tiene uno más respeto y más distancia. Pero echándole simpatía al asunto, con los dos sin problema.
¿Le costó mucho trabajo decir su primer sermón?
Pues la verdad es que sí, porque impone. En un primer momento te quedas con la mente en blanco. Tienes muchas ideas y preparas un poco lo que vas a decir, pero luego te sale otra cosa distinta.
Usted procede de la parroquia de la Divina Pastora de Marbella y también ha trabajado en el último año en un templo de Torremolinos, ¿es compatible la vida religiosa con el desenfreno y el 'glamour' de la Costa del Sol?
Pues sí, totalmente. Uno vive como un joven normal. Yo salgo con mis compañeros o mis amigos y, si hay que tomarse una copa en un bar, no hay problema si sabes dónde estás y con quién estás. Siendo de Marbella suena mucho eso de la 'yet-set', pero uno no se puede permitir esos lujos. La mayor parte de los vecinos de Marbella son personas normales, sencillas y trabajadores del sector servicios, fundamentalmente.
¿Ha coincidido alguna vez con algún famoso en su Marbella natal?
Pues sí. Durante la carrera, trabajaba los veranos en un negocio de 'souvenirs' de unos amigos y recuerdo que le vendí unas chanclas a los de Cruz y Raya, y una camiseta a Lorenzo Sanz. También estuvo en la tienda Melanie Griffith.
¿Qué sintió cuando se vistió por primera vez de sacerdote?
Mucho respeto, porque es algo que me sobrepasa. Uno no se siente digno para ser capaz de hacer presente al Señor, porque es pecador como el que más. Que el Señor te escoja y diga que te quiere con todas tus imperfecciones para hacerlo presente es muy grande. Por ello, sientes ganas de ser mejor todavía.
¿Es de los que decía misas de pequeño en su casa?
No. Hasta que no terminé la carrera no me lo planteé realmente. Lo había pensado alguna vez, pero igual que me entraba por la cabeza me volvía a salir. Pero, cuando uno ve que no es anormal ser cura, sino todo lo contrario, se encuentra alegre.
¿Cómo se ve dentro de 20 ó 30 años?
Más viejo, pero feliz y contento, disfrutando donde me manden. Ahora voy a El Morche y Torre del Mar. El próximo día 15 de agosto me incorporaré, y espero querer mucho a la gente de allí. La verdad es que el compañero sacerdote que ha estado hasta ahora lo ha hecho muy bien y lo han querido mucho. Ha dejado hecho un buen trabajo.
Pues mucha suerte, padre.
Muchas gracias, pero ya sabes que no hace falta que me llames así.











