LA GRANIZADA
Noooo. ¿Sí? No; era corriente. Leía mucho, una bestialidad, desde pequeñísimo. Mi padre era un lector empedernido y un amante de la música clásica. Por eso, a los 14 años, ya me había leído las obras completas de Benito Pérez Galdós, las de Dostoievski, Dickens...
Sí, muy bien, pero aterrizó en el colegio de Campillos.
Sí. Tuve a compañeros como Bertín Osborne, el príncipe de Brasil, Manolo Orleans de Braganza, que es primo del Rey de España, los Solís...
Ahí estaban los prendas, ¿no?
Sí, sí. Estábamos los prendas buenos (jajaja). De ahí ha salido gente muy lista. Creo que confundían el ser inquieto con ser malo. Del colegio de Campillos ha salido gente muy interesante.
No se arrepiente de haber pasado por Campillos.
No. Allí me lo pasé muy bien. ¿Fíjese, salí bien de allí!
También salieron algunos 'tocados'.
Sí, sí, pero yo no. Tengo buenísimos recuerdos. Fue una época curiosa. Estuve hasta los 16 años y ya me fui a Madrid a estudiar el Preu.
Usted estuvo comisionado por el Gobierno español en el mercado del petróleo. Ahí no habría mucho regateo, ¿no?
Es un grupo de trabajo de la OCDE que estudia el mercado del petróleo. Durante seis años iba una vez al mes a París. No, regateo no había. En aquella época lo que había era muchos acuerdos de Estado. Fue una época durísima porque se vivía la segunda crisis.
¿Y los acuerdos de Estado se cumplían?
Sí. Había certeza de que se cumplían. Hoy no existe esa certeza. Además, hay un mercado muy rápido que te está marcando el precio y los acuerdos de Estado pierden importancia. Ha habido un desmadre de especulación en el petróleo.
¿Por qué hay tanta diferencia entre lo que cuesta un barril y el precio de la gasolina?
No hay mucha diferencia. Hay un precio libre, que está condicionado por tres factores: por el precio del crudo, por el precio de los productos en los mercados internacionales -nuestros referentes son Rotterdam y Génova- y el cambio del euro al dólar. Lo que sí es cierto es que el precio en España es bastante más barato que la media de los otros países de la Unión Europea.
El delegado de Hacienda de Málaga, ¿hace las cuentas con calculadora?
Sí, siempre las utilizo. Utilizo la misma, la 14-C. Es fantástica.
¿Qué punto tener delante de usted un ordenador con todas las cuentas de los malagueños!
No. Eso no es que no se pueda, es que no se debe. Además, no interesa para nada.
¿Encuentra alguna similitud entre un vampiro y Hacienda?
Ninguna, ninguna.
Lo decía porque chupa la sangre de los contribuyentes.
Ya, ya, le he entendido. Pero el vampiro no reparte; Hacienda, sí. El vampiro se la queda toda y Hacienda reparte.
Usted conoce bien esta casa por dentro porque ha sido secretario general durante tres años, ¿cuántos empleados tiene?
Entre las dos delegaciones debe haber unos 800.
¿Y cuántos de ellos son inspectores y subinspectores?
¿Uf! Subinspectores hay en torno a un centenar. Creo.
¿Son suficientes para controlar a tantos delincuentes de cuello blanco sueltos que hay por estos lares?
El delegado de Economía y Hacienda no mira esas cosas. Tiene la firma delegada del ministro y es delegado del ministro. De él depende el patrimonio del Estado, las haciendas locales, depósitos, tesoro, el reparto de los impuestos a los ayuntamientos, subvenciones... Pero no tiene nada que ver con eso. Eso es una cosa de la Agencia Estatal Tributaria.
¿Entonces no ha tenido la tentación de husmear en las declaraciones tributarias de Roca o Barrientos?
No. Es que además no se puede. Eso está todo protegido. Si alguien mirase alguna vez, le preguntarían: «¿Y usted para qué mira?».
¿Quién le hace la declaración de la Renta?
Yo.
¿Le sale a pagar o a devolver?
Pues me sale a devolver. Tengo hipoteca y fondos de pensiones, y por eso me sale a devolver.
¿Vaya!
Sí, a mí y a mi mujer. A los dos. Poquita cantidad, pero nos sale a devolver.
¿Por qué no nos dice cómo lo hace?
Eso hay que calcularlo. Es saber al tipo al que estás sometido. Tienes hipoteca y te metes en un fondo de pensiones también, y te sale a devolver.
¿Qué tiene usted de Indiana Jones?
(Piensa). Nada, absolutamente nada.
¿Ni siquiera la pasión por la arqueología?
¿Hombre, sí! La pasión por la arqueología, pero nada de aventurero, sino científico. Una excavación arqueológica es como un libro, que cuando vas pasando la hoja las vas rompiendo y nunca más se puede volver a leer. Tienes que ir leyendo esa página y documentándola perfectamente porque nunca más la vas a volver a leer. Al final te quedan letras. Vas dejando trozos de libros sin leer para que los siguientes puedan leer con más tecnología. La arqueología es ciencia, no es aventura.
¿Qué ciudades le ha impresionado más?
Olimpia, Micenas... Arqueológicamente, Sicilia. El valle de los templos griegos es espectacular. Luego, Roma, Atenas, el British Museum, la isla de los museos de Berlín, sobre todo el Arqueológico.
¿Qué le gustaría encontrar bajo tierra?
De donde venimos.
¿Y de dónde venimos?
Estoy convencido de que venimos de la evolución, pero tiene que haber algo... Demasiada casualidad. No puede haber tanta casualidad (con la vista perdida).
¿Es agnóstico?
No. Tengo una duda permanente, pero no soy agnóstico. Soy un creyente muy sui generis. No es casual, pero no sé... Es que ni me lo planteo. No estoy seguro de nada.
Por curiosidad, ¿es usted del PSOE?
No. Lo he sido. En el 78 fui de UGT. Luego me afilié al PSOE en el 82 y dejé de pertenecer al partido en el 84 o en el 85.
Poco duró, ¿eh?
No, es que estaba constantemente viajando y no tenía tiempo para ir a la agrupación a la que pertenecía en Madrid. Dejé de ir, no pagaba las cuotas y me mandaron una carta diciéndome que dejaba de pertenecer al partido. ¿Qué le vamos a hacer!
Y eso que usted estaba colaborando con el Gobierno de Felipe González.
Sí. Entonces estaba de director del Plan Nacional de Electrificación Rural y tenía bastante trabajo. Viajaba mucho. Como funcionario que soy, colaboro con el gobierno de turno.










