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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Málaga

LA GRANIZADA

Antequerano de 54 años / Empresario de profesión y horticultor vocacional / Casado y con tres hijos / Levantó el mayor complejo turístico de la ciudad / Sueña con traer al Real Madrid a su hotel.

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Ramón Jiménez, consejero delegado de Antequera Golf: «Reparto la calderilla porque me molesta en los bolsillos»
AGRICULTOR POR VOCACIÓN. Ramón Jiménez compagina la dirección del hotel con su principal afición. / ANTONIO FUENTES
De botones del banco a empresario millonario, ¿me cuenta el secreto?

Eso se consigue a base de trabajo, mucho sacrificio y disfrutando haciendo lo que haces. Es importante tener mucha suerte y yo la he tenido. Me he rodeado del mejor equipo y soy muy optimista ante los problemas.

Su equipo es el Real Madrid de los empresarios...

Pues sí, además es mi equipo de fútbol. Hemos conseguido marcar un estilo de trabajo, que aprendí cuando empecé en Caja Rural. Este hotel es el más atípico del mundo, aquí te puedes encontrar a un futbolista, un artista, un torero o un congreso.

¿Y para cuándo la concentración del equipo merengue?

Ya me gustaría a mí... Sería bonito traerlos y estoy seguro de que lo podemos conseguir en el futuro con el complejo de La Magdalena. Me encantaría.

¿Cuánto vale lo que ha montado?

No vale nada porque no se vende. Pero si dijéramos de vender, nadie daría por esto lo que realmente vale. Tiene más valor sentimental que económico.

Y me dirá también que el dinero no da la felicidad...

Para nada. Ayuda, pero lo que te hace más feliz es ver cómo haces feliz a la gente al darle un trabajo.

Supongo que no llevará dinero suelto...

Pues no, ¿cómo lo sabes? (risas). No llevo casi nunca porque me molesta en el bolsillo. Lo voy dejando en el coche y cuando tengo mucho lo reparto entre los niños.

¿Y se liga más siendo rico?

Yo ya perdí esas costumbres, por desgracia. La verdad es que ayuda a la hora de viajar porque puedes compartir más cosas.

¿Cómo le gusta más a su mujer: con traje o informal?

No le he preguntado. Normalmente, todas las mañanas, le digo que me deje preparado algo de ropa para ponerme, pero al final no me suele convencer y la elijo yo. Hace tiempo que decidí que necesitaría cambiarme de ropa cinco o seis veces al día para hacer todas las cosas que hago, por lo que me suelo vestir con algo que me sirva para todo. Cuando tengo la ropa decidida, pienso en lo que perdimos el día anterior y en lo que vamos a ganar hoy... Y a la calle (risas).

¿Es más de campo o de golf?

Sin duda, de campo de toda la vida. Ahora que puedo tengo un huerto en casa y hemos adecuado tres más en el complejo de La Magdalena. Creo que una de las cosas más bonitas que hago en mi vida es recoger los frutos junto a mi mujer.

¿Cómo se pasa peor: recogiendo fruta o en una reunión de directivos?

Claramente, en una reunión, aunque si son del día a día no es desagradable. Yo siempre digo que mi afición es mi trabajo. De hecho, no juego más al golf porque en cuanto me voy al campo empiezo a ver que si este árbol está seco, que si este camino está sucio... Así que prefiero estar en casa y, como el otro día, leer como iba la crisis en el periódico y hablar con dos gorriones que tenía al lado. El 'hobby' que tengo ahora es andar. Y mira que hace unos años pensaba que eso de andar por andar era de locos.

Buen tema el de la crisis. ¿Hay crisis o desaceleración?

Crisis total. Yo ya he vivido otras dos crisis cuando trabajaba en la banca, pero la diferencia es que antes daban préstamos con muchos intereses y ahora, directamente no los dan. Me preocupa seriamente el desempleo y lo noto en la calle. Si ahora mismo me voy del hotel a 'las cuatro esquinas', te garantizo que me paran más de cinco personas para darme su currículum.

Pero a usted no llegará a afectarle, ¿verdad?

Yo a mis hijas siempre les digo que cada vez tenemos menos porque hay que repartir entre más gente. No me considero un privilegiado porque creo que el 90 por ciento de los españoles tiene mi calidad de vida. Trabajo unas 12 horas diarias y sin vacaciones todo el año.

O sea, un españolito más...

Pues sí. En la mili me enseñaron que hay que procurar ser una persona normal. De hecho, cuando me dijeron que me iban a hacer esta entrevista no me hizo gracia, pero comprendo que la gente quiera conocer al que tiene al lado (risas).

Para que sepan que es usted un empresario con fama de generoso.

No soy generoso, soy sembrador. Suelo repartir, pero siempre recojo el fruto. Es cierto que me suelen decir que regalo demasiado, pero veo que me funciona porque la gente se comporta conmigo de forma maravillosa. De hecho, el hotel está siempre lleno y, en su mayoría, de compromisos.

Y, ¿a quién se llevaría a la suite?

A alguien que pague. La suite es un sitio para grandes artistas, empresarios o políticos. Nunca me llevaría allí a un amigo mío porque eso no está hecho para gente normal como yo. Tanto es así, que es la habitación menos rentable del hotel, casi nunca se cobra.

¿Cuánto se ha llegado a gastar en invitar a cenar a los amigos?

Mucho dinero. Este fin de semana, por ejemplo, estuve con algunos y me gasté unos mil euros. Pero la comida es algo con lo que yo no disfruto demasiado. Hay que comer para vivir, no vivir para comer. De hecho, a mí con pan, aceite y algo de salchichón me sobra. No hay viaje al que me vaya sin un poco de pan y aceite en el equipaje. Eso sí, para dormir sí que soy un poco más delicado. Necesito oscuridad, silencio absoluto y, si puede ser, una almohada.

¿Dónde se duerme mejor: en casa o en Antequera Golf?

Vamos a ser realistas: en la casa, hombre. Aquí se viene a trabajar, a comer, a disfrutar, de reuniones... pero el antequerano que venga aquí, duerme mejor en su casa seguro.

¿Recuerda la última vez que tuvo una discusión?

Sí, anoche mismo. Me di una vuelta por La Magdalena y, en una zona donde los focos debían estar encendidos, no lo estaban. Me cabreé mucho porque eso es algo que no me entra en la cabeza cómo puede pasar. Ahora me pasa mucho que los chicos de prácticas, vienen y me preguntan, por ejemplo: «Ramón, ¿dónde pongo esta silla?» Yo les digo un sitio y luego la veo en el otro porque a ellos les parece mejor. Y cuando veo esas cosas me pregunto que para qué me lo consultan.

O sea que cuando le ven entrar por la puerta le temen.

Todo lo contrario. Aquí tenemos normas de calidad, pero la relación con mis empleados en muy cercana. Nos hablamos de tú a tú y, a menudo, nos suelen regalar detalles a mí o a mi mujer. Incluso pasan cosas que serían impensables en otros hoteles, como que algún empleado se presente en tu propia casa para contarte un problema laboral.

Cuando tenga nietos, les podrá decir: «¿Ves aquella montaña? Pues la urbanizó tu abuelo».

(Risas). Tengo ganas de tener nietos ya. Pero ya se lo digo a mis hijos: Es un milagro lo que hemos hecho en Gandía. Creo que una transformación así será imposible de repetir. Y lo más importante es que nunca hemos tenido problemas con los políticos para nada.
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