LA GRANIZADA

Llevo desde los 14 años, entré de aprendiz en Valladolid, donde adquirí una formación técnica, después pasé a los talleres en el mantenimiento del material rodante y cuando tenía 22 años ascendí a inspector, para lo que me trasladaron a Bilbao y de allí a León con el cargo de jefe de puesto de mando -llevando todo el tema de circulación de trenes- donde me tiré diez años. Y de allí hasta aquí, a Málaga, donde llevo ya seis años.
Comienza como aprendiz y por ahora ha llegado a jefe de explotación, ¿no da vértigo?
De momento he llegado hasta aquí y espero no complicarme mucho la vida. He tenido la suerte o el acierto de poder combinar los estudios con el trabajo y las oportunidades que me han ido dando las he intentado aprovechar. Tampoco hay mucha gente que esté dispuesta a cambiarse de domicilio y de afrontar nuevos retos.
Veo que le gusta cambiar.
Yo soy de las personas que entiende que cuando llevas tres o cuatro años en un puesto de trabajo si has hecho bien tu función tú ya no aportas nada al trabajo y el trabajo no te aporta mucho a ti. Hay que cambiar al menos de área de actividad y siempre es bueno tener nuevos impulsos y contactos con otras personas.
Habiendo pasado por tantas ciudades, ¿cómo se toma tantos traslados?
Yo creo que las personas debemos ser ciudadanos del mundo, como decían, cuando un astronauta sube al espacio exterior no ve fronteras. Ve ríos, ve montañas y ve mares, no ve la línea del pueblo ni de la ciudad. Cada ciudad tiene su encanto. Yo he vivido en el País Vasco, he vivido en León y ahora en Málaga y tengo un hijo vasco y una hija leonesa.
¿Y no se anima con un hijo malagueño?
Me has pillado un poco tarde, pero no habría tenido ningún problema.
¿Y qué le ha aportado esta ciudad?
Volver a reencontrarme con el mar, yo soy del interior pero el mar siempre me ha atraído mucho y lo que más me sorprendió sin duda fue el clima tan suave que tenéis aquí.
Nada que ver con el que tienen por ahí arriba.
Yo salgo así (va vestido con una camisa) a la estación y la gente se me queda mirando, pero yo no tengo frío (risas). Vivo en Pedregalejo y eso de oler y pisar las flores con el coche cuando están cayendo es algo que no se ve mucho por ahí. La fuerza de la vegetación aquí es impresionante, tengo un pequeño jardín en casa y es fascinante ver como crecen las plantas. Además, en Castilla y León las ciudades también son mucho más tranquilas y las ciudades aquí tienen mucha viveza.
El carácter del sur.
Sí, pero hay que entenderlo. Yo creo que lo entiendo a medias y creo que me entienden a medias. Tengo la pinta de ser un hombre muy serio, aunque no lo soy. Doy esa impresión y la gente se queda muy cortada al principio, no es que sea la alegría de la huerta pero tampoco soy muy serio, cuando me conocen se dan cuenta. En una primera instancia se puede decir que la gente del norte somos más secos, pero no por nada, es que nos han enseñado así.
Dicen que el tren es el medio más romántico.
Eso depende de lo romántico que sea cada uno, aunque cada vez quedan menos románticos. Yo creo que el tren lo es cada vez menos, porque cada vez se tarda menos en llegar a los sitios. Antes, cuando te montabas en un expreso y tardabas nueve horas en llegar a Madrid te podías enamorar de la persona que tenías al lado. Pero ahora ya no lo es tanto, porque te pones los cascos, lees un poco el periódico e intentas ver la tele y ya has llegado. Entonces no es muy romántico, pero vamos a pensar que sí.
Si le digo: pasajeros al tren...
Ni siquiera yo lo he conocido, mi padre sí que también era ferroviario. Es una idealización muy romántica de lo que era el tren antes, pero los tiempos han cambiado muy deprisa y muy positivamente en muchos aspectos, la gente se ha acercado mucho al tren y el tren tiene que crecer todavía más, porque una de las funciones que tenemos ahora es la de facilitar la entrada de nuevos operadores.
¿Suele utilizar el tren o en casa del herrero, cuchillo de palo?
(Risas) Lo utilizo mucho, al menos, todo lo que puedo. Cuando voy a sitios lejos cojo el avión pero en principio el 90% de mis viajes los hago en tren.
¿Por qué lo dejaría todo?
Si tuviese un reto importante o algo que me llamara mucho la atención y me gustase. De momento estoy muy a gusto aquí, porque todavía no hemos terminado, queda mucho todavía. Como no estoy todavía satisfecho con lo que hay porque creo que se puede mejorar todo mucho, todavía ni me lo planteo.
¿A quién metería en un tren sin billete de vuelta?
No se crea que a mucha gente (risas). No lo sé, a los cortos de mira muchas veces, los que no saben mirar más allá, y ciñéndose en el detalle hacen una categoría y no saben mirar más allá. Los que no saben poner su esfuerzo y no piensan que el esfuerzo de todos es suyo también. A toda esa gente que es corta de miras metería en un tren sin retorno.
¿Ha dejado pasar algún tren?
Algunos he dejado pasar, pero bueno, ésos ya no vuelven, ya vendrán otros. Uno toma decisiones en la vida una vez y nunca se sabe si ha sido para bien o para mal, yo creo que en las decisiones importantes normalmente no te sueles equivocar y cuando lo haces hay que asumirlo y seguir para adelante.
¿Y para usted quién está como un tren?
Muchas mujeres (risas). Elsa Pataky por ejemplo, te lo digo porque es el ídolo de mi hijo.
¿Y estas vacaciones como se presentan?
Habitualmente me suelo ir al extranjero, pero este año no he podido. Me gusta mucho viajar por Europa y comparar, ver como la evolución de este país ha conseguido no solamente estar igual que ellos sino en muchos casos superarlos en muchos aspectos. Desde muy joven procuro irme al extranjero, siempre por tren o por avión, pero dentro de los países me muevo por tren. He ido hasta Moscú en tren, cosa que no es muy habitual, pero yo lo he hecho, aunque tardé tres días en llegar. Conviene salir fuera para ver lo que tenemos dentro y valorarlo.











