LA GRANIZADA

Bueno, porque hoy día el tiempo interesa prácticamente a todos los sectores de la sociedad. Hay que pensar que la meteorología influye en la vida ordinaria de cualquier ser humano.
¿Y usted ha caído en el tópico?
Pues sí, no me libro cuando me sacan el tema. ¿Qué remedio!
Es que el tiempo es un tema muy recurrente. Cuando uno no sabe muy bien qué decir. Es como un cajón desastre. Que hace frío, que hace calor...
Yo creo que eso era más antes. Ahora con la información que hay diariamente en los medios de comunicación el tiempo como que ha pasado a un segundo orden.
¿Y cómo decide uno hacerse hombre del tiempo?
Pues yo pienso que como cualquier otra decisión profesional. ¿Cómo se decide uno a ser periodista?
Pues porque uno siente la inquietud de contar cosas.
Hay que partir de la base de que la meteorología es una parte de la física, que como ciencia natural tiene muchas facetas. Cuando uno estudia la carrera de Ciencias Físicas se le presenta un amplio abanico de posibilidades, entre ellas el estudio de la física de la atmósfera. Por entonces en los años 60 Ciencias Físicas sólo se podía estudiar en la Complutense de Madrid y allí cerca todavía permanece la sede central del entonces Servicio Meteorológico Nacional. Y bueno, se presentó la ocasión de que había convocadas unas oposiciones, me las preparé...
Por cierto, acento malagueño lo que se dice malagueño no tiene...
Es que soy de Toledo.
¿Ah sí?
Nacido en la calle del Pozo Amargo, que tiene su leyenda.
¿Y cuál es?
No es muy conocida. La leyenda dice que en esa calle se encontraba la mansión de doña Leonor que estaba casada con un portentoso israelí y tenía una única hija: Raquel. Por aquel entonces había un caballero, don Fernando, que se enamoró locamente de ella. Una noche de claroscuros toledana don Fernando asaltó la mansión y cuando empezaba a cortejar a Raquel en el jardín alguien le mató, con lo que ella se quedó tan entristecida que se cuenta que todas las noches iba al pozo para llorar la ausencia de su amor. Sus lágrimas generaron aguas amargas.
¿Ay el desamor! ¿Quién no lo ha sufrido alguna vez?
Exactamente. Una de esas noches cuentan que Raquel mirando al fondo del pozo sintió la imagen de don Fernando y fue tal la atracción que se tiró.
¿Vaya final tan trágico! Por cierto, cuenta usted las historias divinamente. ¿Parece un cuentacuentos!
No se si tendrá que ver con que estuve muchos años de docente, de ahí la transmisión del conocimiento.
¿Dónde ejerció de profesor?
Bueno... Cuando yo llegué a Málaga, hace 42 años en la provincia sólo había dos institutos: el femenino en la calle Gaona y el masculino en Martiricos. Cuando el director de este centro se enteró de que había un físico joven en Málaga me localizó. Por aquel entonces también estaba la facultad de Económicas, de la que fui profesor ayudante de Análisis Matemáticos. Y luego me presenté para cubrir una plaza de docente de Física en la Universidad Laboral.
Hoy día lo que hay es mucho meteorólogo de andar por casa. De esos que se compran el gallo de Portugal y ya se creen que son capaces de hacer predicciones...
Esos aparatos lo único que hacen es reflejar los distintos grados de humedad del ambiente, lo mismo que el fraile ese capuchino.
¿Y aciertan?
¿Qué si aciertan? Pues hasta que se estropean.
Cuando uno dice que va a llover y al día siguiente amanece con un sol enorme, ¿siente que ha fracasado?
Es que eso se puede dar. La previsión no es exacta, si no dejaría de ser una previsión. El pronóstico se hace para una zona determinada. Por ejemplo, el 14 de noviembre de 1989 cuando las famosas inundaciones de Málaga cayeron 143 litros por metro cuadrado en el aeropuerto en sólo tres horas, y sin embargo, en El Palo no cayó ni una sola gota.
El tiempo es caprichoso...
Es que el tiempo es el que es. No es caprichoso. El estado de la atmósfera es muy cambiante.
Dicen que la meteorología incide en los estados de ánimos.
Dice, dicen. ¿Quién dice?
Hace unos días escuché en la radio que había un estudio de una universidad americana que vinculaba el tiempo con los sentimientos.
Sí, es posible. Existe una disciplina, que es la Biometeorología que trata de relacionar las variables meteorológicas con las emociones. Pero las percepciones son muy personales.
Por cierto, ¿se iría a una isla en plan 'Superviviente' como Mario Picazo?
¿Uy! No, no.
Los hombres del tiempo se han convertido en personajes de gran tirón mediático. ¿Están de moda!
Pero es que hay muchos que dicen ser meteorólogos y no lo son. Son periodistas, o son geógrafos que han estudiado algo de meteorología. Los meteorólogos del Estado somos muy pocos.
A ver, le propongo un pequeño juego de asociación. Yo le digo un fenómeno atmosférico y usted me dice un personaje que se le venga a la cabeza... ¿Quién diría que es un sol?
No sé. Ni idea. ¿Como no te diga una de mis nietas!
Claro, usted barre para casa. ¿Tiene muchos soles en casa?
Pues sí. Tres nietas y un nieto. Y en vísperas de un quinto.
¿Y cómo se lleva eso de ser abuelo?
Me dan dos alegrías: el día que vienen y el día que se van. Los niños son para disfrutarlos un ratito.
Bueno, ya me he desviado del juego. ¿Por dónde iba? ¿Ah sí!, ¿quién diría que es un huracán?
¿Pues mis nietos también! Jaja.
¿Y usted? ¿Con qué fenómeno meteorológico se siente más identificado?
Con la calima, porque es cuando no hay viento. Hay sosiego, paz, una especie de bruma. Me identifico con todo aquello que conlleve vida interior, pensamiento, ausencia de ruido.
¿Todo eso que no tiene en casa cuando llegan los ciclones de sus nietos!
Jajajaja.
¿Deme una alegría y dígame que este verano no vamos a tener terral!
Pues no se lo puedo decir. (Risas).
¿Vaya por Dios! Pues entonces anticípeme qué tipo de verano nos espera.
En líneas generales aquí en Málaga el verano siempre es muy parecido. El de siempre, con terral incluido.
¿A mal tiempo buena cara?
Pues sí. Cuando las cosas no salen como uno espera, ¿De qué sirve poner mala cara?
¿Es optimista?
No del todo.
Bueno, al menos lo admite. ¿Y qué le pone que trina?
El ruido me estorba mucho.
O sea, que a un concierto de 'heavy metal' no iría ni a rastras.
No, no. Odio los ruidos.
Y ahora en vacaciones, ¿se queda por Málaga o se va a su tierra?
Me quedo por El Palo, donde vivo. Ahí se me puede ver a diario.
Espero que no haya sido una tormenta de entrevista...
En todo caso habrá sido una tormenta de ideas.











