LA GRANIZADA

De tonto, seguro que no, pero de listo estoy en ello.
¿Y ese sombrero, entre turista costarricense y El Barrio?
Es un híbrido de aquello que se decía: 'Gorrillas pá la calor'. Como ahora uno tiene más posibles, pues hemos podido encargar en Pedro Mira este sucedáneo de Panamá.
¿No cree que cada vez tienen menos fuerzas los sindicatos en este país?
Este país tiene la misma fuerza que la sociedad. Los sindicatos, si quieren estar al loro, sufren las mismas transformaciones sociales que la propia sociedad; los mismos cambios, para bien y para mal. Comisiones Obreras es la única fuerza radicalmente de izquierdas que hay en este país. Si no existiera habría que inventarla.
Pero la huelga de trabajadores es algo que está en desuso, ¿no?
¿Claro! La convocamos sólo cuando hace falta. Está en desuso cuando no hace falta. Aunque es mejor dialogar y acordar, pero si es necesario convocar una huelga, pues no hay ningún problema: se convoca. Es un derecho constitucional.
¿Quién tiene más afiliados, UGT o CC. OO.?
Me parece que CC.OO. Pero no afiliados, sino cotizantes, de los que pagan y mandan.
¿Cuántos son en Málaga?
Cuarenta y dos mil y pico.
Pronto habrá elecciones, ¿repetirá?
El 7 y el 8 de noviembre será el congreso. Uno se presenta con ánimo de repetir. Ya lo dirán los representantes de los cuarenta y dos mil.
¿Cómo se lleva con las instituciones?
Con respeto. No me llevo mal.
¿Desde cuándo es usted rojo?
Desde que estaba en la Iglesia. Fíjese las sorpresas que da la vida.
¿...?
Uno se crió en mayo del 68, pero cobijado en aquellos movimientos de la Iglesia.
¿Pasaba usted el cepillo?
No. Queríamos llevar Dios a los pobres, más que los pobres a Dios. Eso nos hizo tener inquietudes. Luego me tropecé con un libro en mitad de la calle titulado 'Introducción a la filosofía materialista', y entre ese libro, los cristianos, la biblia, la edad, el romanticismo... Pues me metí por ese camino. Muchas veces dormía en la mesa de billar que tenía el cura, el padre Ernesto Wilson, en la parroquia de la Amargura.
No es el único que procede de ahí.
No. Hay muchos comunistas que venimos de la Iglesia. Incluso algunos amigos comunes, como Manolo Sánchez Vicioso.
Pero el color rojo ya no se lleva, ¿no?
Se lleva, lo que pasa es que muchas veces destiñe. Y hay quien les gusta comprarse las camisas que destiñen con facilidad. Otros se las cambian.
¿Tiene amigos de derechas?
Sí, claro. Los amigos son amigos, sean de derechas o de izquierdas.
Usted salió escaldado de Izquierda Unida...
...y corriendo. Me echaron. Y no lo hicieron a gorrazos porque tenía calva y no me llegaban. Pero no me arrepiento de haber estado en Izquierda Unida ni en el Partido Comunista.
A pesar de que tuviera que salir por 'patas' del grupo, ¿fue una experiencia positiva haber sido concejal del Ayuntamiento de Málaga?
No, no, sin 'pesar'. Fue una magnífica experiencia. No hay cosa más bonita que trabajar para tu ciudad. Todas las cosas que se hacen con cariño y amor salen bien. Fue una experiencia muy gratificante.
¿Le tentaron para entrar en el PSOE?
No, nunca he tenido una propuesta.
¿Milita en algún partido?
No.
¿Y en alguna ONG?
Sí, en la de Comisiones: Fundación Paz y Solidaridad.
¿Están en crisis los trabajadores de este país?
Sufren la crisis. No están ni son los responsables de la crisis. Los trabajadores han moderado sus reivindicaciones en los útimos años para generar empleo y han contribuido a la riqueza de estos diez años.
¿Desde cuándo no pone usted una jeringuilla a un paciente? Porque desde hace años no pisa un hospital como trabajador.
Cuando entro en mi quirófano y huelo un poquito a alcohol sufro unas lipotimias que son difíciles de recuperar después. A mi madre le pongo las inyecciones en el hospital. Esto es como montar en bicicleta: que no se olvida.
¿Cuánto tiempo lleva liberado?
¿Uhhh! Se me ha olvidado el tiempo. Yo me liberé a la fuerza. El director de mi hospital me dijo: «Oye, así no puedes seguir», y me largó. Eso fue en 1984.
Y desde entonces no ha dado un palo al agua.
Al agua precisamente no, pero he dado muchos palos para ir mejorando esta sociedad, y en algo hemos contribuido.
¿Saben qué dicen sus amigos...?
¿Ah! Pues no...
Que usted se ha hecho miembro del equipo médico de La Malagueta para ver los toros de gañote.
Pues dicen toda la verdad. De toros se aprende viéndolos gratis... porque son muy caros.
¿A quién le daría un pase?
Jajaja... ¿De alivio?
O de pecho.
Le daría un pase de alivio a Frutos (secretario general del PCE) para ver si se atempera. Eso permitiría que la izquierda plural pudiera hacer algunas cosas junta.
Usted que es tan buen aficionado, ¿es tanto José Tomás como dicen?
¿Hombre! Yo creo que sí. En José Tomás se da lo que decía Belmonte: «Se torea como se es».
¿Le amarga no poder comerse un dulce?
No, soy diabético.
Por eso se lo preguntaba.
Jejeje. ¿Qué borde, no!
Corre a diario ¿por necesidad o por obligación?
Corro por necesidad, pero luego lo convierto en una obligación. Se lo recomiendo a los diabéticos: el ejercicio controla muy bien la glucosa. Y además se queman energías, se echa adrenalina fuera y mientras corre se piensa.
¿Cuántos kilómetros corre cada día?
Entre 12 y 14.
Pensará entonces mucho.
Pienso en los problemas del trabajo, de la familia, pero vienen destellos que permiten darles soluciones. O por lo menos darle relatividad.
Usted nació en la calle Bolivia, en Pedregalejo. ¿Qué tiene de pijo?
De pijo nada, porque nací en la parte de Pedregalejo de los pobres. Los ricos, en esa época, buscaban el interior, y quienes vivían al lado del mar eran los pescadores.
¿Pero su padre no era ferroviario?
Sí, era ferroviario. Soy hijo del cuerpo.
¿De qué cuerpo?
Fe-rro-via-rioooo.
¿Le ha zapateado alguna vez su mujer (es bailaora)?
Yo creo que me zapatea casi todos los días. Jajajaja. Pero lo hace con arte.
¿No cree usted que ya es mayorcito como para que no tenga todavía el carnet de conducir?
Sería un atrevido y un peligro público conduciendo un coche. No soy capaz ni de ir en bicicleta.
¿Cómo se mueve?
Normalmente voy andando, o en taxi.










