Un método casero, aunque basado en conocimientos científicos, es el que propuso el doctor Landrum Shettles en los años sesenta. Parte de la base -cierta- de que el sexo de los bebés lo 'eligen' los padres. O, al menos, sus espermatozoides. Los óvulos de las mujeres siempre llevan el cromosoma X, por lo que, si son fecundados por un espermatozoide Y formarán un cigoto macho (XY), y si los fertiliza un espermatozoide X, crearán una hembra (XX). Se sabe que ambos tipos de espermatozoides son distintos: los Y son más rápidos, pero más sensibles a un medio hostil y menos resistentes, por lo que viven menos tiempo que los X.
Posturas distintas
Con esos datos, Shettles recomienda, para concebir un niño, tener relaciones sexuales apenas 24 horas antes de la fecha de la ovulación, en una posición que permita una penetración profunda (por ejemplo, desde atrás) y en la que el orgasmo de la mujer sea anterior a la eyaculación masculina, para que las contracciones impulsen a los espermatozoides hacia su objetivo. Para tener una niña, en cambio, lo favorable sería practicar el coito entre dos y cuatro días antes de la ovulación, en una postura con menos penetración (por ejemplo, la del misionero) y posponer el orgasmo femenino. La efectividad del método es del 75%, según su autor.
In vitro
Desde el año 1977 existe la tecnología necesaria para elegir un embrión con el sexo deseado en la fertilización in vitro. Puede realizarse por dos métodos: seleccionando un embrión de un sexo concreto de entre varios (diagnóstico preimplantacional) o seleccionando un espermatozoide 'femenino' o 'masculino' antes de proceder a la fertilización (selección genética preconcepcional por citometría de flujo o por centrifugado del semen).
No obstante, en España está prohibido utilizar ese procedimiento salvo que el objetivo sea evitar una enfermedad genética transmitida en función del sexo, como por ejemplo la hemofilia y la distrofia muscular de Duchenne, que sólo afectan a los varones.









