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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 8 febrero 2012

Cultura

NARRATIVA
Potemkin
Bascomb realiza una excelente crónica del motín que protagonizaron 600 marineros en el famoso acorazado

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Potemkin
CINE. Fotograma de la película 'El acorazado Potemkin'. / SUR
DESDE hace años la materia histórica es una de las preferidas en las obras de ficción. Esta materia se presenta con diferente espesor según las obras; son tres las posibilidades más frecuentadas por los autores, en una, la historia es mera referencia, un telón de fondo puramente episódico; en otra, la historia tiene una presencia equilibrada respecto al universo de ficción y, por último, la historia lo invade todo y los personajes son testigos y no agentes.

Fuera de las novelas históricas quedan obras como las biografías noveladas y las obras de historia pero narradas con estructura casi de ficción aunque no se apartan un punto del rigor de los datos. Se trata de una forma de estilo muy frecuentada y con éxito en el mundo de lengua inglesa. Estas obras tienen una larga tradición y cumplen el principio clásico del deleitar aprovechando pero no es terreno frecuentado en español; de manera que recurramos a las traducciones.

Las imágenes de los ciudadanos masacrados en las escaleras de Odessa en la magistral película de Eisenstein es mucho más que un hito en la historia del cine; se trata de imágenes con carga revolucionaria de gran potencia y que han servido y sirven aún en algunas zonas del mundo para encender los espíritus con los valores de la utopía socialista, ya fracasada en la realidad, pero que queda como un perfume nostálgico en las obras de arte que la estética revolucionaria produjo. La historia del Potemkin es uno de los episodios más notables de este imaginario.

El autor establece una estructura en paralelo, la peripecia del zar y de su gobierno, por una parte; por otra, la historia del motín de los marineros del Potemkin. La relación entre ambos planos es total. El imperio ruso, el gigante del Este, en junio de 1905 asiste a un ensayo general de lo que será la Revolución, esa marea que acabó con un modelo de sociedad en forma de sangre imperial salpicada en los muros de un sótano.

Tensión, distensión

Estos planos se alternan como capítulos de la obra, lo que produce un efecto de tensión y distensión muy eficaz en la lectura. Se pasa de los jardines del palacio imperial a la carne llena de gusanos que fue el pretexto del motín.

La guerra entre Rusia y Japón estaba siendo una derrota permanente para las armas de Nicolás II. Los japoneses habían atacado Port Arthur y destruido la flota del Pacífico. El zar decidió enviar otra para vengar la humillación. La nueva escuadra fue la suma de dos diferentes que pasaron todas las penurias imaginables para llegar a su destino, los barcos tuvieron que viajar desde el Báltico hasta Extremo Oriente sin bases en las que avituallarse, con todos los espacios llenos de carbón y de provisiones y, para colmo, soportando temperaturas de hasta 48 grados.

La disciplina se relajó como no podía ser de otra manera y la moral se hundió; cada día aumentaban los cadáveres que eran lanzados desde las torpederas negras que cumplían la función de carrozas fúnebres; mientras, con todas pompa, se celebraba la ceremonia de la bendición de las aguas de río Neva sumergiendo por tres veces una cruz de oro en un agujero hecho en el hielo al mismo tiempo que los coros alababan a un dios del que el zar era representante en la tierra y monarca absoluto de ciento treinta y cinco millones de súbditos.

El almirante Togo destrozó las últimas esperanzas y los barcos de chimeneas amarillas, muy fáciles de distinguir en la distancia, se hundieron con miles de marineros a bordo. La guerra estaba perdida en mar y también en tierra. La agitación obrera alcanzó cotas muy altas. Las clases medias y hasta algunos nobles exigían reformas. En este ambiente se produjo el motín del Potemkin, acorazado de la flota del Mar Negro.

Ideales válidos

Los tonos épicos del relato, excelente crónica de los hechos, alcanzan cotas de gran emoción. Los nombres de Afanasi y de Grigori, cabezas de la revolución a bordo, parecen sacados de la ficción pero no, en absoluto. Una corriente eléctrica de alto voltaje atraviesa el texto. Los revolucionarios se mueven por ideales que siguen siendo válidos en lo que tienen de grandeza humana y de exaltación de la libertad.

El zar ordena que el acorazado sea hundido. La escuadra lo tiene a tiro y el Potemkin avanza sin inmutarse. Un silencio profundo, tenso, lo ocupa todo. El barco está dispuesto a luchar y perecer. Es la batalla silenciosa y grandiosa. Los barcos de la flota del Mar Negro rinden mudo homenaje; después, el peregrinar de puerto en puerto y la venganza del zar. Ya lo he dicho, infinitamente mejor que casi todas las novelas históricas.
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