He tenido la oportunidad de hablar recientemente con altos cargos educativos -o mejor dicho 'frente a', porque escuchar, lo que se dice escuchar, escucharon poco- y el gusanillo me decía: «A ver si se creen que vienes de la FAES». Fue ante la anterior consejera, Cándida Martínez, en un bonito Homenaje de los Poetas Docentes Andaluces a los Poetas del 27. Cambié mi texto acordado por un 'Planto funeral por las letras en las aulas andaluzas': los centros andaluces pueden acumular hasta 250 ordenadores, pero en sus bibliotecas puede no haber ni tres buenas ediciones del 27. En algunos IES de Málaga, como el de El Palo, barrio crucial en Prados y Altolaguirre, se ha suprimido el bachillerato de Humanidades. La política 'educativa' se limita a pasear paneles con mucho diseño y un par de versos por los pasillos, pero no a exigir a los andaluces un conocimiento serio de sus autores universales.
La ya ex consejera no replicó, no movió un músculo de su cara. Pero mi Planto se llevó un solidario aplauso de minutos; fue uno de los momentos más emotivos de mi vida profesional. Esperemos que la nueva consejera dé muestras de ser menos impermeable, menos soberbia, menos sorda a críticas que son lamentos de pura agonía y rabia demosténica del profesorado.
Yo, por mi parte, acabo de matar a ese gusano insidioso de un pisotón -esa vocecilla que nos dice que todo puede empeorar si abrimos las bocas y denunciamos que el emperador lleva mucho tiempo desnudo-, como muchos otros profesores malagueños que el miércoles irán a la huelga para decir que ya basta de bizantinos planes de calidad, de caramelitos pecuniarios a cambio de aprobados, de burocracia estupidizante. La educación andaluza merece otra política.







