
En España hay actualmente 359 campos de golf, de los que la mayoría están ubicados en la Costa del Sol. La cantidad de turistas atraídos por la práctica de este deporte en Andalucía es incuestionable. Por eso, Ceuta y Melilla pretenden convertirse en la prolongación de la más conocida como Costa del Golf en suelo africano.
En la vecina ciudad autónoma van muy adelantados. Pero dada la aridez de las 15 hectáreas de terreno, a la hierba le está costando mucho salir. Aquí habrá menos problemas. Su campo dispondrá de nueve hoyos, pero su polémica ubicación y el presupuesto invertido para pagar la obra ha despertado la ira de los ecologistas. El terreno ha sido tasado por 2,3 millones de euros y Melilla ha conseguido 1,7 millones de Fondos Feder para pagarlo. «El sitio y la inversión es insultante», denuncia Manuel Soria, presidente de Guelaya-Ecologistas en Acción. «Seremos la vergüenza de Europa si ponemos un campo de golf al lado de la valla», advierte.
Soria asegura que el Gobierno Autónomo es totalmente ópaco a la hora de ofrecer información sobre la obra. «No hay estudio de impacto ambiental, nos niegan la cifra del consumo del agua y dicen que va a ser un motor del turismo», critica.
La justificación turística, que también han empleado Juan Vivas y el consejero de Economía, Guillermo Martínez, no tiene consistencia ni para UDCE-IU y PSOE, ni para los arquitectos y los promotores y tampoco para Septem Nostra.
«Un campo de golf de las dimensiones que podría albergar Ceuta no puede responder igual que los que hay en Andalucía ni atraer tal cantidad de turistas que consiga dinamizar la economía local», asegura José Luis Muñiz, presidente de la Asociación de Promotores. «Además, la financiación exige un gasto enorme que aquí no se podría soportar», agrega.
El Gobierno ceutí dice que podrían venir marroquíes a jugar al golf, pero los que se oponen al proyecto, quitan credibilidad a la propuesta. «Ya hay campos de golf en el norte de Marruecos y cada año va a haber más, no tiene sentido», valora con tono de escepticismo el presidente del Colegio de Arquitectos, José Luis Marín.
Cómo se financia
Respecto a la financiación, el presidente de Guelaya es muy crítico. Y es que el agua que necesita un campo debe tener una calidad muy alta, no sirve el que sale de una desaladora. «Aunque en Melilla ahora quieren ampliar al cuarto módulo para no tocar los acuíferos y explotarlo más», asegura.
El volumen de gasto que se prevé tampoco se le ha facilitado a los ecologistas. «No va a generar apenas puestos de trabajo, a los jugadores les tendría que costar unos diez euros cada pelota que tiren para sufragar el coste porque es una actividad que no se va a mantener», apuesta Soria.
Por eso, a través del grupo europarlamentario Los Verdes, los ecologistas melillenses van a tratar de paralizar la obra, aunque ya está casi lista. «Ceuta se fijará en Melilla y verá que ha sido un fracaso y se replantearán la viabilidad de un campo de golf», cree Soria.
Septem Nostra tratará de frenar los planes de la Ciudad mediante alegaciones porque su presidente José Manuel Pérez espera que «impere el sentido común». Las fuentes consultadas de los partidos de la oposición, de los arquitectos y los promotores no comprenden cómo se puede hacer una obra así teniendo en cuenta que Ceuta sólo tiene noventa golfistas federados. «Sentido común», insisten.






