Su rúbrica implica la disposición de los padres o tutores a velar por que sus hijos realicen las tareas escolares en un horario establecido, revisar la agenda escolar y las libretas -donde se especifican las fechas para facilitar un seguimiento-; pedir los esquemas de las lecciones e incluso preguntarles ya sea verbalmente o por escrito la lección, así como comprobar que llevan a clase el material escolar necesario.
Proyecto pionero
La iniciativa, puesta en marcha a raíz de la nueva Ley Orgánica de Educación en que se pide un mayor compromiso de los padres con la escuela, se desarrolla por segundo curso consecutivo. Una experiencia piloto con la que la orientadora educativa Carmen Ibáñez y su compañera Inmaculada Cruzado, maestra de apoyo a la integración, pretenden poner los cimientos de una colaboración estrecha entre padres y centro educativo. Ambas desarrollan una ardua labor de trabajo que lamentablemente apenas trasciende al exterior. Se encargan de tres áreas: la acción tutorial, la orientación académica y profesional y la atención a la diversidad. Ésta última mediante la puesta en marcha de un aula de apoyo para los estudiantes con necesidades educativas especiales o con una adaptación curricular creando un programa a medida para cada uno.
Precisamente, el próximo curso Río Verde pondrá en marcha un nuevo programa de cualificación profesional adicional para dar respuesta al importante porcentaje de alumnos desmotivados. Para beneficiarse del mismo, se requiere tener 16 años. Según la orientadora de este instituto, se ampliará la posibilidad de entrar en un programa de dos años: el primero, de contenido netamente profesional para ejercer como 'ayudante de' que incluye prácticas en empresas del sector; en cambio, el segundo año, estará concebido como un módulo voluntario que permitirá obtener el título de graduado, una vez que lo finalice.
Para Ibáñez, se trata de una carrera de fondo. «No tiro la toalla hasta el final», asegura convencida, al tiempo que llama la atención sobre la necesidad de que la respuesta ante el fracaso escolar debe venir no sólo de la familia, sino del centro y del trabajo del propio alumno.






