
Así, según se desprende del citado informe, una vez superado el último curso de la ESO y obtenida la titulación de Secundaria, sólo 1.491 de un total de 5.198 alumnos continuaron con su formación postobligatoria, cursando Bachillerato o ciclos formativos.
Más pronunciado
Precisamente, las mayores tasas de fracaso escolar -entendido como número de alumnos repetidores- se registran en Bachillerato, con el 23,27 por ciento de la población escolar en centros públicos (1.491 en total, en el 2006-2007). Este porcentaje se sitúa casi siete puntos por debajo -16,75 por ciento- en el ciclo de Secundaria, con 5.198 alumnos en total matriculados en centros públicos y privados el curso pasado. En cambio, en el ciclo de Infantil y Primaria, con 10.311 pupilos en total, este índice fue del 4,34 por ciento.
Detrás de este fenómeno hay varias causas. Los docentes apuntan la poca capacidad de trabajo continuado y la baja motivación por aspectos culturales del alumnado actual que, según explica Manuel Mellado, director del Centro de Profesorado Marbella-Coín, «no ven una relación inmediata de que estudiar suponga una mejora social». Al desinterés mostrado por las explicaciones en el aula, se suma la falta de relación entre familia y escuela, ya que, debido a que ambos cónyuges suelen trabajar fuera de casa «se tiene una menor influencia sobre los hijos a la hora de educarlos en valores», añade Mellado, quien también sostiene que la propia escuela se ha quedado algo obsoleta en contenidos; lo que requeriría la incorporación de nuevas herramientas más interactivas en la educación y la exigencia de idiomas, además de imponerse un necesario reciclaje del profesorado.
Asimismo, los docentes llaman la atención sobre el cambio actual en los hábitos de trabajo y en los comportamientos de los jóvenes, entre los que destaca la poca resistencia a la frustración.
Idioma
Otro aspecto clave es la notable presencia de alumnos inmigrantes en los centros educativos de Marbella, que en el 15 por ciento de los casos presentan «una deficiente formación o barreras idiomáticas», lo que dificulta el aprendizaje. Para paliar este índice, los propios docentes abogan por mejorar su preparación y por una coordinación de las distintas administraciones en resolver los problemas de convivencia en los centros educativos. «Hay muchas iniciativas pero no coordinadas», apunta Mellado, quien además incide en que hasta ahora el porcentaje de profesores interinos superaba el 30 por ciento. Una situación que impedía a los docentes trabajar con equipos compactos para abordar este problema.






