
Aunque la ausencia de Rudy Fernández -se limitó a apoyar a sus compañeros desde el banquillo por culpa de una lesión en el vasto de la pierna izquierda- deja un mínimo resquicio a la duda, la superioridad demostrada por el Unicaja desmonta cualquier coartada. Sin el futuro NBA en la cancha, el Joventut se mostró como un equipo sin alma, sin pegada ni sangre. Sin embargo, desarticular el entramado de ataque verdinegro con una defensa rigurosa, severa con la circulación del balón e infranqueable en las inmediaciones del aro no tuvo nada que ver con la baja del capitán verdinegro y sí con la actitud y capacidad demostrada por el equipo malagueño, a años luz de la exhibida últimamente.
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La defensa le aportó la consistencia necesaria para dominar el choque desde los primeros instantes, a pesar de que las segundas opciones concedidas al rival -el Joventut capturó 20 rebotes ofensivos- constituyeron una laguna sin corrección durante todo el choque. Pero si el trabajo sin balón resultó clave, el acierto de tres puntos y la coincidencia en un mismo partido de la mejor versión de media plantilla hicieron el resto. Cabezas, Jiménez, Gabriel, Haislip y Santiago superaron la barrera de los diez puntos y permitieron una continuidad también necesaria en ataque para romper el marcador. Individualidades que dieron como resultado un juego de conjunto sin fisuras, entretenido por momentos y reflejado en un marcador que fomentó de nuevo el orgullo de ser 'cajista'.
El Unicaja no se hizo de rogar. Los dos triples con los que Welsch y Haislip cerraron el primer cuarto anunciaron el despegue (20-12), aunque su rival lo puso ante una nueva prueba con una zona que entorpeció su ataque, pero que no llegó a generar mayores apuros. La solidez del equipo sin balón permitía que las distancias se mantuvieran. El Joventut sostenía el intercambio de canastas a duras penas, con unos porcentajes de lanzamiento que tendrían continuidad durante todo el choque y con un Mallet que trató de mantener la guerra por su cuenta en lugar de dar fluidez a un ataque espeso.
Quedaba la prueba de fuego, saber si el Unicaja sería capaz de mantener el nivel en la reanudación. No sólo lo hizo, sino que lo mejoró para delirio del Palacio de los Deportes. La reconciliación estaba servida a fuerza de comprobar que el juego del equipo malagueño cumplía con los mínimos de entrega y ambición exigibles por noma. La presión en la salida del balón del Joventut acabó por asfixiar a un contrincante entregado y privado de un ritmo vivo para su ataque.
Ruptura
Haislip irrumpió en el choque para protagonizar un parcial de 19-2 que acabó con cualquier opción de sorpresa y elevó las ventajas por encima de la veintena (59-35, minuto 28). Ni cerca ni lejos del aro, el Joventut tenía cerradas todas las vías de anotación fruto de una defensa con la que el Unicaja se crecía tras cada recuperación, tras cada rebote capturado. No hubo lugar para la apatía y sí para las ganas por reivindicar mayores cotas de confianza en una plantilla que en casa rinde frente a los más grandes, frente a aquellos contra los que buscará la sorpresa en unos 'play-off' confirmados.
Los recursos del equipo malagueño parecían inagotables. El acierto de Gabriel y la superioridad de Santiago bajo los aros permitieron que el parcial no quedara en una mera anécdota. Podía ir a más. Y fue a más. Mientras que el Joventut entregó definitivamente el encuentro al último cuarto, el Unicaja se alimentó de su propia ambición, de sus ganas por lanzar un mensaje de advertencia. Las diferencias alcanzaron hasta los 32 puntos (76-44, minuto 33), casi intactos a pesar de la merecida relajación final.








