
Durante el tratamiento que se inició en 2007 aproximadamente 275 palmeras han podido recuperarse en ambas fincas, incluso algunas gravemente afectadas por la acción del picudo. «Desde finales del año pasado estamos extrapolando esta experiencia y el plan de actuación ya se ha implantado en el Ayuntamiento de Marbella. Próximamente se adoptará por el de Estepona, mientras que con Málaga capital estamos en conversaciones», explica Juan Barbado.
Este tratamiento integral fue presentado en Sanremo en una bienal europea sobre las palmeras, donde asistieron destacados expertos que han evaluado muy positivamente esta novedad. A raíz de este encuentro, la empresa se encargará de acabar con la plaga del picudo rojo en El Vaticano, y también está en negociaciones con los ministerios de Agricultura de Portugal, Emiratos Árabes, Qatar y Bahrein para desarrollar su proyectos en estas zonas.
Desde 2007, han llevado a cabo estos planes piloto en dos fincas de la zona de Marbella. Tan sólo el año pasado se eliminaron 1.300 palmeras infectadas en esta franja y 500 por el municipio de Estepona. En total más de 3.000 unidades fueron cortadas y trituradas en toda la provincia de Málaga. A principios de este año había en torno a 200 ejemplares afectados y 50 en lista de espera para ser cortados en la capital, según el Ayuntamiento.
Riesgo de reinfestación
El problema que plantea el responsable de Fertinyect es la alta probabilidad de reinfestación: «Todas las palmeras que están en lista de espera para ser cortadas son focos de riesgo, las de fincas cuyos propietarios son extranjeros y no viven aquí, por lo que para proteger por completo a los árboles será necesario llevar a cabo varios años este tratamiento hasta que remita la plaga».
La aplicación cada mes y medio o dos meses del tratamiento -en función del estado de las palmeras- durante un año ha aportado resultados bastante favorables, aunque Barbado cree que conseguir eliminar por completo al picudo de los ejemplares españoles «va para largo».
Hasta el momento, en la ofensiva contra el picudo, el corte y destrucción y las pulverizaciones con insecticidas eran los únicos procedimientos que se habían llevado a cabo y se habían mostrado totalmente ineficaces.
Al combinar el rociamiento de insecticida junto a la inyección en el interior del tronco, se rompe el ciclo vital del insecto, cuya larva se encuentra alojada dentro del árbol. «Teniendo 'envenenada' la planta interna y externamente es como se consigue dificultar la existencia del picudo», apunta Barbado.












