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Madres cómplices
La mujer del pederasta que acabó con Mari Luz había sido condenada por connivencia con el criminal en el abuso sexual continuado a su propia hija de cinco años. No es el horror aislado: el infierno de menores violados crepita en el silencio de decenas de progenitoras
06.04.08 -

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TENÍA diez años. «Mi madre -explica Cristina, ya cumplidos los 17- dio a luz a mi hermano pequeño y yo hacía gimnasia rítmica, y siempre ensayaba en la cocina, que era muy grande, y siempre bailaba yo sola ahí y mi padre se metió en la cocina. Y... me dijo que me quitara la ropa, y yo me la quité. Yo no sabía lo que iba a hacer ni nada, y que me abriera de piernas como hacía en gimnasia rítmica. Yo lo hice y empezó a tocar -llora-. (...) A partir de ahí venía casi todas las noches, entraba en mi habitación. A mis hermanas yo creo que no las hacía nada, pero en mi cama se sentaba y me metía la mano por debajo del pijama. Yo creo que mi madre, no sé, mi madre alguna vez sospecharía, porque entraba o algo, y no sé, intentaba estar el mayor tiempo posible para que mi padre no me hiciera nada. Pero no sé, no sé si saberlo... yo creo que no lo sabría. A veces por el día, cuando mi madre se iba a comprar o algo y me quedaba yo sola en casa, pues igual. Y así estuvo hasta que cumplí yo los 14. (...) No dije nada porque tenía miedo, me daba vergüenza, yo que sé, me sentía como si, no sé, como si no me fuese a creer mi madre y encima me iba a regañar. Y luego encima otra cosa... ¿ya mi padre!».

El relato de Cris es el testimonio de una víctima de incesto ante los peritos de la Clínica Médico-Forense de Madrid, que forma parte del estudio 'Abuso sexual infantil. Evaluación de la credibilidad del testimonio' (Edit. Centro Reina Sofía), coordinado por la psicóloga de ese departamento judicial Blanca Vázquez. También es el grano de arena en el desierto de las denuncias sobre abusos a menores -únicamente un 15% se da a conocer a las autoridades y un escaso 5% acaba en proceso judicial-.

Ángel Cantero Ramajo, de 59 años, y natural de Cilleros (Extremadura), «buen padre, con una correcta imagen social, trabajador, serio, respetuoso de las normas y partícipe junto a su mujer y sus hijos en actividades de ocio» -según resolución de la Audiencia de Navarra- es condenado (5 de marzo) a 94 años de cárcel por violar y abusar de sus tres hijas «con pleno conocimiento y voluntad» durante más de 20 años y desde que las niñas tenían 3 años; la madre, Carmen T. T., «que lo sabía todo -recoge la sentencia-, pero no quería verlo», declaró a favor del criminal.

El vecino de Morón de la Frontera (Sevilla) F. G. S., de 45 años, es condenado (30 de noviembre de 2007) a nueve años y medio de prisión por abusar de su hija desde los 12 hasta los 14 años mientras la madre «prefirió cerrar los ojos a lo que estaba sucediendo» y el penado «obtuvo el silencio de la niña con amenazas».

El pasado 17 de septiembre la Audiencia de Guipúzcoa condenaba a seis años de presidio a un matrimonio por abusar de su hijo, al que implicaron en sus relaciones sexuales desde que tenía dos años, situación de la que alertó el pediatra de la criatura a la Diputación de Guipúzcoa en 1995, sin que durante ocho años la Administración auxiliara al niño e incluso propiciara un programa de «revinculación progresiva de los menores -la víctima y una hermana- con la madre» ignorando la negativa de los especialistas.

15 años de cárcel

El fiscal solicita 29 años de cárcel (28 de junio de 2007) para un vecino de Berriozar (Navarra) acusado de violar, maltratar y abusar sexualmente de dos hijas y un hijo durante cinco años, y 15 años de reclusión para la madre de las víctimas, por conocer los hechos y no hacer nada para evitarlos.

Tampoco hizo nada la madre del presunto asesino de Mari Luz, tras saber que la bestia, entonces apenas un púber, sometía a tocamientos a su pequeña hermana de cinco años, la misma edad maldita de la niña muerta y los mismos cinco que había cumplido su propia hija cuando la obligaba a masturbarle.
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