
En este sentido, el primer paso viene de la mano de la constatación documental -escrita y/o gráfica- de obras de probada autoría por parte del artista al que se intenta adscribir la atribución de la escultura en cuestión. En este caso, esta situación venía dada por la Virgen de los Dolores, realizada por Vicente Asensio en 1775 para la Hermandad de la Vera-Cruz de la localidad gaditana de Setenil de las Bodegas. Si la documentación escrita refleja la autoría nominal y la cronología, el testimonio gráfico informa de las características fisonómicas y estilísticas de esta talla, desaparecida en 1936. Es aquí donde comienza a operar el llamado 'método del conocedor', adoptado por la Historia del Arte a semejanza de la Medicina y las Ciencias Naturales, basándose en la taxonomía y disección analítica del objeto de estudio, la obra de arte en este caso. Enunciado en su día por Giovanni Morelli, este enfoque positivista, de marcada vocación experimental y empírica, parte del estudio de las características formales y técnicas de la escultura o pintura en cuestión. En virtud de este reconocimiento se llega a la conclusión de que, ante obras de aspecto similar, el discípulo -u otro artista que actúe de copista, en su defecto- imita del maestro la impronta superficial donde reside el referente de prestigio y el atractivo estético que el modelo ofrece para el cliente, aunque personalizando y reinterpretando a su manera los pequeños detalles.
Grafismos
Justamente, serán tales divergencias las que permitan dilucidar las obras pertenecientes al maestro de las de sus seguidores, habida cuenta de la inercia casi 'genética' e intransferible con la que tales grafismos suelen ejecutarse,-casi de manera similar a una 'firma'-, merced al papel aparentemente 'secundario' que suele asignárseles en el efecto final del conjunto. En consecuencia, serán esos 'insignificantes' detalles los que, llegado el caso, habrán de dirigir en una dirección u otra los pasos de la investigación.
En virtud de lo expuesto, la atribución a Vicente Asensio de la Virgen de los Dolores Coronada se justifica de manera rotunda, vista su total similitud con su homónima documentada de Setenil, hasta el punto de debilitar por completo cualquier otra posibilidad fuera del círculo de la familia Asensio y sus imitadores. A su vez, esta relación permite incorporar a la producción de Vicente Asensio otras Dolorosas tan semejantes a ambas, como la desaparecida Virgen de los Dolores de Frigiliana y la Virgen de la Soledad de la localidad onubense de Isla Cristina.
Sin dejar de lado las posibilidades del 'método del conocedor', la comparación de las Dolorosas atribuidas a Vicente Asensio con las de su tío Antonio -algunas tan emblemáticas como las Vírgenes de los Dolores de San Juan, la del Císter y del Amor Doloroso- nos desvela que, pese al 'aire de familia' y a diferencia de este último -mucho más sutil, preciosista y delicado en el modelado y acabado técnico de sus imágenes-, sus obras apuestan por una potencia escultórica más compacta, especialmente visible en rasgos tan característicos como la robustez de la nariz y el incipiente prognatismo que marca con rotundidad la mandíbula inferior y el mentón.
Precisamente, estos rasgos estilísticos parecen delatar que Vicente se dejó influenciar por el estilo de su padre, Pedro Asensio, a quien, por esta razón, puede atribuirse la Virgen de los Dolores del Puente; en nuestra opinión, el paradigma y la suprema perfección del esquema de Dolorosa que, a lo largo de la segunda mitad del XVIII, será perpetuado por los Asensio a modo de relectura a distancia de los modelos más tardíos y sintéticos de Pedro de Mena.
Biografía
Aceptando la validez de esta atribución a Vicente Asensio, las referencias documentales relativas a su juventud lo hacen vecino, en 1751, de la collación de la parroquia de Santiago. Según el censo practicado en dicho año, el matrimonio formado por Pedro Asensio, de 44 años, y Rosalía Rodríguez, de 40 años, tenían a su cargo un total de cinco hijos, de los cuales tres eran varones Vicente, de 20 años, y Manuel y Joaquín, de 12 años, a más de dos hijas menores, Mariana, de 14 años, y Josefa, de 4 años. Este cuadro descriptivo aclara en cierto modo la fecha de nacimiento de Vicente al situarla en 1731 y ofrecerle la categoría de primogénito de una prole dentro de la que, según se desprende de esta investigación, solo él se dedicó a la profesión de escultor, continuando la estela del padre con criterios personales conservadores y resultados algo dispares con respecto a los planteamientos estéticos inherentes a la obra de su tío Antonio.
Según la comprobación de datos del Catastro de Ensenada de 1771, por primera vez, se tiene noticia de Vicente Asensio como discípulo de Pedro y componente del taller que se situaba en la calle de Canasteros. En 1775, esto es cuatro años después del referido catastro, se manifiesta la independencia de Vicente Asensio como escultor titular y único responsable del taller. Por entonces, Pedro ya habría fallecido a causa de su avanzada edad -curiosamente en fechas cercanas a la del óbito de Fernando Ortiz-, heredando su hijo los útiles y demás bagaje profesional que emplearía en su ulterior carrera en solitario.
A partir de esos momentos debió dedicarse a cumplimentar los encargos heredados junto a tan prestigioso taller. Entre esas obras debió estar la Virgen de los Dolores Coronada de la Archicofradía de la Expiración, hoy en día, feliz y magníficamente resanada y recuperada para el patrimonio histórico de Málaga y para orgullo del arte escultórico de su Semana Santa.









