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Los escondites de la droga
Cajas de langostinos, golosinas, folios, juguetes... Los alijos pueden ocultarse en los lugares más insospechados. Estos son algunos de los métodos descubiertos por la policía en Málaga
24.02.08 -

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Los escondites de la droga
CARAMELOS. La policía detuvo a los dueños de una tienda que distribuían droga oculta en envoltorios de 'Werther's Original'.
LAS cajas contenían trozos de cefalópodo congelado en una sospechosa solución acuosa que parecía cualquier cosa menos salsa. El test de droga dio positivo. Nada de pulpo a la gallega. Los narcotraficantes habían preparado una nueva receta: pulpo a la cocaína.

El descubrimiento de este 'modus operandi', que sorprendió a los investigadores por su ingenio, tuvo lugar hace un par de meses. Las policías española y portuguesa interceptaron en Lisboa un cargamento con 24 toneladas de este alimento congelado que tenía como destino España. Entre las 635 cajas, los agentes hallaron 235 recipientes que contenían un líquido en el que estaba disuelto la cocaína.

El sistema, hasta la fecha inédito en nuestro país, no es más que la última vuelta de tuerca de los narcos, que son quienes marcan las tendencias. La policía, por su parte, centra sus esfuerzos en adaptarse a los nuevos tiempos para intentar ver donde cualquier otro sólo observaría unas cuantas cajas de pulpo. Estos son algunos de los métodos más ingeniosos que ha descubierto la policía malagueña en los últimos años en su lucha contra el narcotráfico.



ALIMENTACIÓN

Una tonelada de cocaína entre langostinos



Fue el caso de drogas más importante de la historia policial y judicial de la provincia. Cuando aún no se había inventado la cocaína disuelta en raciones de pulpo, la Guardia Civil descubrió en Málaga un alijo de 1.500 kilos de esta sustancia estupefaciente que estaban ocultos en cajas de langostinos y carabineros. Se denominó 'operación Rosana'.

La mercancía llegó a España en un buque procedente de Panamá, que aparentemente transportaba 20.000 kilos de crustáceos. La carga fue trasladada a una nave del polígono industrial. Pero la Guardia Civil ya le seguía la pista a este cargamento y, el 2 de octubre de 1997, varias unidades irrumpieron en una nave del polígono San Luis.

Allí, oculta bajo la apariencia de langostinos congelados, los agentes encontraron el mayor alijo de cocaína detectado hasta la fecha. Aquella operación se saldó con cinco condenados a 56 años y seis meses de cárcel.

MOTOS DE JUGUETE

Un tráiler con 1.100 kilos en Estepona



Nada más inocente que un juguete. Los agentes de la Udyco-Costa del Sol de la Policía Nacional iban tras la pista de un camión tráiler con la sospecha de que podía ir cargado con droga. Al abrir las puertas del vehículo, se encontraron con un lote de motos de juguete para niños y otras de tipo 'quad'.

La operación, que se bautizó con el nombre de 'Butano', comenzó el pasado 3 de julio cuando los agentes observaron cómo unos individuos británicos trasladaban una serie de paquetes de un pequeño camión a un tráiler en un polígono industrial de la localidad de Estepona.

Los investigadores observaron movimientos extraños en aquella maniobra y decidieron interceptarlos cuando terminaron de cargar la mercancía. En el interior del camión, hallaron 1.100 kilos de hachís ocultos entre las motos para niños y los 'quads'. Según la policía, esta operación reveló el uso de empresas de transporte legal como tapadera para el narcotráfico en la Costa del Sol.

CARAMELOS

Las dosis más 'dulces'



El trasiego de clientes en la tienda de golosinas era de lo más dispar. Desde niños que iban a comprar gominolas a drogadictos en busca de su dosis diaria... ¿de caramelos 'Werther's Original'? La policía entendió que algo no cuadraba y, tras interceptar a un par de clientes, descubrieron que los supuestos 'camellos' utilizaban envoltorios de estos caramelos para distribuir la droga.

Los policías detuvieron en octubre de 2005 al matrimonio propietario de la tienda y a un empleado e intervinieron 17 dosis de uno o dos gramos de cocaína cada una, todas ocultas en envoltorios de 'Werther's'. Y lo peor, según informó entonces la Comisaría Provincial, es que estaban mezcladas con los caramelos de verdad en los expositores del comercio, situado en la calle Rosarito, en el barrio de la Trinidad.

El sistema era muy sofisticado. De hecho, los detenidos tenía incluso una máquina de termosellado para cerrar los envoltorios de los 'Werther's' una vez que introducían la droga dentro. Así, si la policía interceptaba en la calle al comprador, éste podía excusarse con que había adquirido unos simples caramelos en una tienda de golosinas. Pero no contaron con la perspicacia de los agentes, que decidieron abrir el envoltorio...

TABLONES DE MADERA

Pastillas bajo la resina



El camión transportaba tablones de madera. Los agentes de la Udyco-Costa del Sol tenían la sospecha de que el tráiler podía llevar estupefacientes, pero no encontraron nada raro al inspeccionar los listones. Sin embargo, al romper uno de ellos, comprobaron que contenía droga. Los narcotraficantes habían 'ahuecado' cada uno de los tablones y habían colocado en su interior pastillas de hachís, perfectamente alineadas.

El ingenioso sistema contaba además con otro truco que dificultó la detección. Los narcos habían rellenado el espacio que había entre las pastillas con espuma de policarbonato para evitar que, al golpear la madera, sonara a hueco, explicaron fuentes policiales. La intervención, que data de hace cinco años en Estepona, permitió desmantelar una banda asentada en la Costa e intervenir un importante alijo de hachís.

PIÑA AL VACÍO

Las latas del maestro fresador



Las investigaciones condujeron a un británico residente en la urbanización Monte Alto, en Benalmádena. Un experto fresador que, aparentemente, se había retirado a la Costa del Sol para afrontar una jubilación tranquila y sin preocupaciones. Sin embargo, los agentes descubrieron que el hombre trabajaba para una organización de delincuentes que había ideado un sistema hasta entonces inédito para camuflar la droga en latas de conserva.

En el sótano de la casa del fresador, la policía encontró un auténtico taller para manufacturar la mercancía. El método era muy sofisticado. El especialista compraba latas de tomate, piña y melocotón en almíbar de cinco y tres kilos de peso y vaciaba su contenido. Posteriormente, introducía en ellas una cantidad de hachís y rellenaba el resto con el alimento en cuestión. Finalmente, volvía a cerrarlas al vacío con una máquina fresadora.

Cuando terminaba, las latas de conserva arrojaban siempre el peso exacto que decía la etiqueta, «y aunque las movieras, nunca sonaba el hachís que había dentro», recuerda un alto mando policial que dirigió aquella operación, que se produjo hace unos ocho años. Sin embargo, la Udyco descubrió el pastel e intervino más de 200 kilos de esta sustancia. Además, los agentes arrestaron a toda la organización, incluido al maestro fresador. También decomisaron numerosos palés de conservas y varios millones de pesetas en libras esterlinas.

RUEDAS

El perro nunca se equivoca



El coche fue interceptado en Torremolinos. Una agente de la Unidad Canina de la policía paseaba a su perro, un pastor alemán llamado 'Loock', junto al vehículo sospechoso. Inmediatamente, el can «metió riñones» (agachar el lomo), un gesto que revelaba que allí había droga, explica su guía, que atesora años de experiencia en la materia.

Los funcionarios, que inspeccionaron palmo a palmo el vehículo, no encontraron nada. Pero el perro seguía insistiendo. Y 'Loock' nunca se equivocaba. El hachís estaba escondido dentro de la cámara de las ruedas del coche que entró en la Península en barco, procedente de Ceuta, y era transportado en grúa por carretera.

Hace tres semanas, también en un turismo, la Guardia Civil descubrió un alijo de 54 kilos de hachís que se escondían, curiosamente, en el tanque del combustible. El conductor fue interceptado en el Puerto de Málaga en una inspección rutinaria de los vehículos procedentes de Melilla.

PAÑALES

Narcóticos envueltos en ropa de bebé



La droga siempre suele esconderse en los lugares más insospechados. Pero lo que no podían imaginar los policías de la Unidad Móvil de la Policía Nacional es que iban a encontrar cocaína oculta entre los pañales y la ropa de bebé que llevaba una pareja boliviana que viajó en tren de Madrid a Málaga. Todo parece indicar que eran 'correos' de una organización de narcos.

En mayo del año pasado, la policía detuvo en la estación de autobuses de la capital a un hombre y una mujer que transportaban 646 gramos de cocaína envueltos en el pañal de un bebé. A la mujer, que llevaba en brazos un niño de un mes y medio, se le intervino en un bolso con efectos del menor, entre ellos un paquete oculto en un pañal con la citada cantidad de droga. Por su parte, al hombre se le descubrieron en los bolsillos dos paquetes de bollería que en su interior tenían 63 y 47 gramos de cocaína, respectivamente.

PALÉS

Hachís oculto en paquetes de folios



La 'operación Pippers' supuso uno de los golpes más importantes al tráfico de drogas entre España y Reino Unido. A mediados de 2006, la Guardia Civil logró descubrir el ingenioso método empleado por una red de narcos que enviaba importantes cantidades de hachís ocultas entre paquetes de folios.

Tras una larga investigación, los agentes interceptaron un camión que contenía unos 7.200 kilos de esta sustancia estupefacientes. Pero era sólo la punta del iceberg. Tirando de ese hilo, consiguieron intervenir un total de 15.270 kilos de hachís y detuvieron a 26 personas, varias de ellas en Málaga. Al parecer, la droga se introducía en la parte central del palé, rodeada de cajas de folios perfectamente dispuestas para eludir los controles aduaneros.

Sin tratarse de folios, la 'operación Isla' también iba de hojas. Las de una enciclopedia que, presumiblemente, se utilizaba como muestrario para enseñar la droga a posibles compradores o simplemente para ocultarla ante un registro policial. Tenía un hueco perfectamente cortado de unas 80 páginas de tomo para ocultar la muestra. En esta actuación, que se produjo el pasado verano, la policía halló 1.137 gramos de cocaína y detuvo a cinco personas en Fuengirola.

AEROPUERTO

Un crucifijo y un joyero con sorpresa



Si extraño resulta encontrar droga en un juguete, en un caramelo o en ropa de bebé, más aún lo es descubrir que un crucifijo ha sido profanado para esconder un alijo. Ocurrió hace un mes en el aeropuerto de Málaga. Al inspeccionar el equipaje de un pasajero holandés que venía de Brasil, descubrieron que llevaba unas pequeñas tabletas de «polvo compacto» envueltas en aluminio. El crucifijo parecía normal. Sin embargo, al hacer la prueba de detección de droga, dio positivo en cocaína. En total, la mercancía arrojó un peso de 7,8 kilos. Y el viajero terminó su periplo en Málaga.

También en el aeropuerto fue sorprendido, en enero de 2006, un hombre de origen brasileño que intentaba pasar más de medio kilo de cocaína oculto en dos fusiles de aire comprimido para pesca submarina. El cazador fue cazado.
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