Uno de los errores más frecuentes que cometen los progenitores es creer que la calidad de vida de sus hijos es mejor si les conceden todo lo que desean. Cuando los chavales se ponen contestatarios y protestan, sus familiares, en vez de hacerles entrar en razón, se amedrentan y hacen una dejación de funciones, lo que reafirma a los adolescentes en sus pautas de conducta y se crecen en su actitud agresiva. En el fondo, no es más que una confusión de los padres, que temen ejercer su autoridad y dan un exceso de libertad a sus hijos. En el momento en que los progenitores no aguantan más y tratan de poner freno a esa situación, ya suele ser tarde y el chaval necesita ayuda psicológica para afrontar su problema.
Por eso, cuando en la unidad de salud mental infantil y juvenil tratan a un paciente con trastornos de conducta, se suelen aplicar terapias tanto al adolescente como a sus padres. «A los niños hay que enseñarles a autorregularse y a ponerse límites», dicen los expertos. En esta situación repercute el progreso científico y tecnológico, ya que los chicos se educan en gran medida con la influencia de Internet y de la televisión.
Asumir funciones
A la hora de tratar a los chavales no basta con mandarles medicación, sino que también es recomendable que los padres se impliquen y ayuden a sus hijos, les escuchen y estén con ellos. A veces, los progenitores tratan de suplir el tiempo que no están con sus hijos dejándoles hacer lo que quieran y dándole todo tipo de caprichos. Esa actitud no es beneficiosa.
«Hay que ejercer de padres y educar a los hijos en vez de realizar una dejación de funciones y pensar que de esa tarea se encargan en la escuela», señala Manuel Herrera. De ahí que en la terapia que se ofrece en la unidad de salud mental infantil y juvenil para corregir los trastornos de conducta sea muy importante la implicación de los progenitores de los pacientes.












