Este Fitur, con todo, ha mostrado el rostro más sólido de la Costa del Sol y el poder de la marca Andalucía, sin duda una de las referencias mundiales mejor identificada como enclave cultural y como destino turístico dotado de una extraordinaria diversidad de atractivos. Avalada por un pabellón quizá menos espectacular que en otras ocasiones pero más vistoso y funcional, esas dos marcas vuelven a erigirse en paraguas privilegiado para las ofertas locales. Es el caso de Málaga, ciudad que empieza a desprenderse del 'estigma de cenicienta' entre los núcleos culturales de la región y emerge avalada por tres factores: la calidad del turismo urbano con la rehabilitación del centro histórico y la dinamización hotelera, el tirón del Museo Picasso y ahora el AVE para convertirse en un destino privilegiado. El tren de Alta Velocidad, además de transformar la oferta de Málaga, aparece ya como la locomotora para la oferta completa del territorio. Las restantes localidades también se benefician de esa aproximación a Madrid, en particular Marbella, que mantiene su vigor de marca a pesar del Caso Malaya. Así pues, las señales negativas no parecen afectar directamente a este destino maduro, pero el mercado sí envía señales de advertencia que hay que saber interpretar: más flexibilidad, más dinamismo, más calidad.
Las 'jornadas basura' de Fitur durante el fin de semana -dedicadas a los visitantes tras los días reservados a los profesionales- han dejado de ser un festival del souvenir y quedan convertidas en una segunda feria con el perfil del nuevo turista: personas que improvisan un fin de semana o unas vacaciones cortas a través de la Red y que desafían las programaciones con movimientos más o menos imprevistos, lejos ya de aquellos años de los grandes paquetes cerrados. El turista no es el que era, pero el turismo sí: la promesa de un buen lugar para disfrutar -con descanso y diversión- en un clima de confianza y bienestar. Y hay que saber renovarse para mantenerse en primera línea.







