Hoy, reflejando el abandono y la suciedad que impera en el Peñón del Cuervo, lo que dice muy poco de la diligencia de la administración local, los árboles plantados junto a la lápida recordatoria del arrojado médico ofrecen la estampa mustia de la dejadez. Se secó el olivo e hizo lo propio el arce, porque es de presumir que nadie, después del día en que autoridad y asistentes se prodigaron en elogios hacia la persona homenajeada, nadie, se ocupó de su cuidado. Creció la hierba en su torno y el limpio rincón de antaño es un lugar oprobioso que contradice la idea y el objetivo para el que se eligió.
Cabría esperar que para los primeros días del próximo mes de febrero, cuando se cumplen años tanto de la fatídica 'desbandá' de malagueños, como de la fecha en la que se le dedicó sentido recuerdo, alguien se preocupe de adecentar el lugar como es debido. Lo agradecerían los que aún viven para contar aquellos terribles sucesos, como los que sin vivirlos miramos con respeto y admiración el nombre del canadiense ejemplar.







