
BIOGRAFÍA
Carismático y con «muy buen humor», Enrique Huelin creó esta asociación benéfica, en un principio, para atender labores misioneras en Hispanoamérica y el Magreb, aunque, poco después, su actividad se centró en la atención a los más desfavorecidos de Málaga, como explicaron a este periódico Antonio Jiménez Larios, vicepresidente del colectivo y director de la obra social, y Jorge Sugrañes, vocal de la misma. Así, semanalmente, cada jueves, reparten comida para unas 700 personas de los diez distritos de la capital y algunos municipios de la provincia, lo que en 2006 (último dato conocido) supuso la entrega de 150.000 kilos de alimentos (galletas, leche, legumbres, frutas, pescado,...) que los voluntarios de la organización se encargan de recoger en Bancosol, Mercamálaga o algunos supermercados que colaboran con su acción social.
Instalaciones
Junto a ello distribuyen ropa cedida por los ciudadanos; prestan ayudas económicas a familias para solucionar casos graves como cortes de luz por impagos o amenaza de desahucio; han creado una bolsa de trabajo en la que participan una treintena de empresas para buscar empleo a los que se han quedado sin él; ofrecen asesoramiento a los inmigrantes; cuentan con un servicio de abogados -entre ellos está su sobrino el letrado Fernando Huelin-, médicos y trabajadores sociales y, uno de los últimos proyectos que vio este religioso, fue el comienzo de la labor de ayuda a ancianos y enfermos sin medios. «Una labor que esperamos continuar tras un inicio prometedor», indicó Jorge Sugrañes.
Para ello cuentan con unas instalaciones que han tenido que ir ampliando con varios almacenes debido a la enorme cantidad de productos que reciben. Asimismo, se financian a través de ayudas públicas y donaciones de personas y entidades anónimas. «Nosotros lo único que hacemos es poner la infraestructuras y los medios materiales para canalizar todo este ejemplo de solidaridad», manifestó Jiménez Larios, actual presidente en funciones, al frente de un equipo de dos administrativos y una decena de generosos voluntarios.
Cara al futuro lo tienen muy claro. «Nuestro objetivo es continuar la labor iniciada por el padre Huelin y mejorar, en la medida de lo posible, la acción social que él defendía y propagaba allá por donde iba», señaló Jiménez Larios en el despacho donde aún está el sillón en el que el jesuita solía sentarse cuando acudía a la sede de la ONG. Algo que ocurría diariamente, aunque en los últimos meses sus visitas eran cada vez más esporádicas debido a los problemas de salud y los lógicos de la edad. Pese a ello, hasta el final estuvo al tanto de todo lo que estaba haciendo la asociación que lleva y perpetuará su nombre. «Se fue el hombre, pero queda su obra», concluyeron.












