
Pero la sobrecarga de obligaciones varias, todas por debajo de la categoría profesional de los profesores de secundaria, no es la única consecuencia negativa para esos docentes de los 'planes' de la consejera. El plan de centros bilingües, por ejemplo, ha supuesto para ellos un inadmisible incremento de la inestabilidad en el puesto de trabajo, pues en estos institutos quien no asuma la obligación extra de aprender el idioma extranjero que corresponda puede verse desplazado de su centro por otro profesor. Y es necesario señalar que la Consejería de Educación ni tan siquiera paga todos los gastos que ese aprendizaje genera a los docentes, ni, mucho menos, las muchas horas extraordinarias que supone.
Por otro lado, ¿cuál ha sido hasta ahora la eficacia de todos esos 'planes'"? Tomemos como ejemplo los que llevan más tiempo en funcionamiento: el plan de 'Mediación' y el de 'Cultura de Paz', ambos con la finalidad de combatir la creciente violencia escolar. Pues resulta que bastantes de las últimas agresiones a docentes han tenido lugar en centros que se han adscrito a los mencionados planes hace ya bastante tiempo. Otros, como la prometedora 'mochila de la paz', que tanto nos encomió la señora consejera hará dos o tres años, se olvidaron sin haber llegado a ver la luz, y dejándonos, además, con la curiosidad de cuál podría ser el mágico y pacificador contenido de la mochilita. Tampoco del Observatorio de la Violencia Escolar se ha vuelto a tener noticia. Claro que a lo mejor algún alumno violento, perdón, conflictivo, se presentó inopinadamente en Torretriana y les rompió el instrumental necesario para sus observaciones, vaya uno a saber. Por lo demás, las comisiones provinciales de Convivencia, otro de los sobrenaturales elixires propuestos contra las agresiones a docentes y discentes, no se han reunido prácticamente ni una vez desde su fundación, hace ya como seis meses. Y, para completar el cuadro, según parece, las delegaciones provinciales de Educación ni tan siquiera se han tomado la molestia de elaborar un registro de las agresiones a docentes ni de los casos de acoso, pues a las solicitudes de conocerlas por parte de algún sindicato de profesores han respondido con el silencio administrativo.
Tal vez entienda mejor ahora el amable y paciente lector de este artículo la razón de que los profesores de secundaria estemos tan quemados.







