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Lo real maravilloso
07.12.07 -
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Lo real maravilloso
HÉROE. Retrato de Bolívar realizado por José Gil de Castro. / SUR
ASÍ se llamó el estilo que inauguró el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias con su novela 'Señor Presidente', en ese novelón Asturias levanta un testimonio de la dictadura de Estrada Cabrera en Guatemala en los años treinta del siglo pasado: un dictador comprado por las empresas norteamericanas y la oligarquía caribeña que acabó con el régimen del utópico profesor Jacobo Arbenz, años más tarde, cuando la 'United Fruit' se empleaba a fondo y montaba golpes de estado, tan del gusto de las crónicas cainitas.

Es dilatada la influencia de aquellos regímenes dictatoriales en la prosa lúdica y sanguinolenta iberoamericana, prosa que se articula en los filos demenciales de lo barroco, manierista al menos en lo que atañe a Valle-Inclán, padre de la primera novela sobre el asunto titulada, como ustedes saben, 'Tirano Banderas'; Valle inaugura un género de espadones, cuartelazos, dramas familiares, incestos, hijas violadas por sus padres, próceres pederastas, y una estela sangrienta de crímenes que posteriormente creará escuela en García Márquez con el 'El otoño del patriarca', pasando por Roa Bastos con 'Yo el supremo', hasta llegar a 'La fiesta del chivo' de Vargas Llosa, por citar sólo tres ejemplos.

Se trata de lo esperpéntico, y lo esperpéntico es, familiarmente, una persona, cosa o situación extravagante, zafia y ridícula. Para poner en pie unas novelas de desdén, más que de denuncia, estos escritores tuvieron que deformar la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos. Aunque, pensándolo bien, el trabajo estaba hecho: la patética realidad de los regímenes de facto que se erigieron, cayeron y ahora han vuelto a surgir en América del Sur, no necesitan demasiada deformación, basta nombrar sus demagógicas tropelías o relatar el uniforme repleto de medallas con que se acicala el monstruo de turno.

Simón Bolívar lideró uno de los procesos más controvertidos de la historia latinoamericana. Cuando el otro líder del Sur, el gran estadista y militar argentino José de San Martín, se entrevistó con Bolívar en Guayaquil, lo abrazó, y pudo hablar con él, se dio cuenta de que aquellos países que se estaban independizando iban a tener una evolución histórica complicada. San Martín se retiró y dejó a su colega venezolano el campo de acción suficiente para que se hundiera con su ego a cuestas. Así sucedió, casi ningún régimen político ha logrado fraguarse en Latinoamérica en doscientos años de independencia: las democracias liberales se han manifestado frágiles y corruptas, las dictaduras han batido todos los récords de crueldad, los sistemas socialistas han cometido todos los atropellos y abusos imaginables...

Hoy día, mientras USA se empeña en luchar contra el infiel y Bush no sabe cómo se llama la capital de Honduras, ni, creo, sepa dónde se encuentra Honduras; mientras esto sucede, resurgen nuevos coroneles con la carta nada nueva del populismo, y entre Lula da Silva, Kirchner o Evo Morales, adquiere personalidad propia, refulge con brillo bolivariano, el presidente de Venezuela Hugo Chávez; y es que su figura, tersa y sublime, podría inspirar otra novela esperpéntica, pero esta vez cómica.

Ahora, perdido en su laberinto, perdido el referéndum, Chávez ocupa, como nadie, ese espacio que se llama «lo real maravilloso»: espero que alguien se atreva.
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