
Silva Sande, que durante años fue el 'grapo' más buscado, negó incluso haber pertenecido a la banda o haber dirigido su comando central. A pesar de haber sido expulsado de la organización terrorista, el histórico activista no quiso delatar a sus ex compañeros y, sólo con monosílabos, exculpó a Camarada Arenas y a Llaquet de haber ordenado el secuestro, en una reunión celebrada en París en mayo o junio de 1995, para sanear la maltrecha economía del clandestino PCE-r.
«Descartar a otros»
El terrorista, que insistió en que no participó en el secuestro del empresario de Previasa, dijo que las declaraciones policiales en las que se autoinculpó de la acción fueron para «descartar a otra gente» y encubrirles. El líder del PCE-r, por su parte, se esmeró en desvincular a su partido de los GRAPO.
Aunque reconoció que existe «una relación» que nunca se ha ocultado entre la formación clandestina y la banda terrorista, señaló que esta última es autónoma. «Ni orgánica ni políticamente hemos intervenido nunca en las decisiones militares o políticas de los GRAPO», explicó Manuel Pérez, que calificó a la banda de «grupo guerrillero». Camarada Arenas dijo no haber conocido a los terroristas ya condenados por el secuestro (Enrique Cuadra, Concepción González y José Ortín) y, por supuesto, negó haberles ordenado la acción. Tampoco admitió que parte de los 400 millones de pesetas que la familia Cordón pagó por el rescate terminaron en su poder. «Nosotros recibimos dinero de personas anónimas pero no miramos el color de ese dinero, somos como la Iglesia», se mofó, antes de ser expulsado por el presidente del tribunal, Alfonso Guevara, por hacer proclamas propagandísticas de su organización. Su pareja sentimental y dirigente del PCE-r, Isabel Llaquet, negó de manera tajante haber participado nunca en una reunión con los GRAPO. «Ni yo ni ningún miembro del partido ha participado nunca en acciones armadas», recalcó.








