
¿Cómo se encuentra el panorama de la salud mental malagueña en estos momentos?
Afortunadamente, las cosas están mejorando y hay que decirlo. Me gusta reflejar lo bueno y lo malo y ser honesto con mis comentarios. En los últimos cuatro años, la situación ha cambiado sustancialmente de forma cuantitativa y cualitativa. Contamos con más recursos, pero hay que seguir avanzando en muchas facetas, y una de ellas es la lucha contra el estigma que afecta los enfermos mentales y lograr su integración y normalización en la sociedad.
¿Considera que la sociedad margina a los pacientes mentales?
Hay estigma y rechazo, es evidente. Y tal vez se produce inconscientemente, por desconocimiento. Hay una visión histórica sobre los enfermos psiquiátricos que no suele ajustarse a la realidad. Los enfermos, cuando siguen su tratamiento y no lo abandonan, están capacitados para integrarse laboralmente pero, si no se les da la oportunidad y se les excluye, perciben ese rechazo social.
A pesar de las campañas de concienciación que se promueven, el avance para superar el estigma es lento, ¿no?
Sí, sobre todo por esa falta de conocimiento de la sociedad. Por eso hay que propiciar actividades que hagan que no se vea con recelo a las personas que sufren algún trastorno psiquiátrico. Hay que transmitir el mensaje de la forma más real posible para que se sepa qué es un enfermo mental o qué es una persona con esquizofrenia.
¿Y no nota una ligera mejoría respecto a una mayor aceptación de los pacientes psiquiátricos por parte de la población?
Vamos percibiendo un cambio, pero de manera lenta, porque hay una visión sobre la locura y el loco muy arraigada. Todavía se sigue usando el término loco con una carga peyorativa y despectiva. Consideramos que la mejor forma que tenemos para llegar masivamente a la sociedad y poder explicarle que no hay por qué temer ni dar de lado a los enfermos mentales es a través de los medios de comunicación.
También está la idea de que los enfermos mentales son agresivos y peligrosos. ¿Cómo convencer de lo contrario?
Está demostrado científicamente que los pacientes mentales no son peligrosos. Seguro que una persona denominada normal es más agresiva. Los enfermos psíquicos tienden más a autolesionarse o al suicidio que a atacar a los demás. Y actúan así por su estado anímico, porque consideran que no son útiles o porque no tienen trabajo. Lo que no entendemos es por qué se cargan más las tintas cuando, en un momento determinado, un paciente comete un acto reprobable que cuando lo hace alguien normal. A los enfermos psiquiátricos se les cuelgan muchas veces un sambenito que no les corresponde.
¿Se está logrando la incorporación laboral de las personas con trastornos psíquicos?
Poco a poco, pero no en la medida que nosotros quisiéramos. Está claro y demostrado que hay pacientes que pueden trabajar con absoluta normalidad si están controlados y siguen su tratamiento.
¿Perciben los pacientes ese rechazo y exclusión social?
Sí, sí, sí. E imagínese el daño que les hace. Les perjudica y los hunde más todavía.










