La entrada en vigor del divorcio exprés ha disparado los desencuentros. Vivimos al compás de la prisa de la sociedad de consumo, esa sociedad que nos consume y, además, pagando. Moda exprés, viajes exprés, comida exprés y amor exprés. Todo a una velocidad de vértigo que nos recuerda que nos hemos convertido en mercancía y que la vida es un capital para invertir y alcanzar algún beneficio rápido.
El cambio climático parece que ha empezado ya en nuestros corazones. La temperatura del termómetro de la tolerancia y la aceptación se ha disparado unos cuantos grados. La ternura y la confianza se marchitan asfixiadas por la contaminación. Del desamor no se libra ni la realeza, aunque la sangre azul no está para divorcios sino para un cese temporal de la convivencia. En cuestión de amores, le hemos hecho demasiado caso a los guionistas de Hollywood. Pero hemos despreciado la advertencia sabia de Groucho Marx, que antes que el INE ya nos advirtió que el matrimonio es la principal causa de divorcio.







